La consecuencia de una ley de salario mínimo no es el aumento del ingreso de los trabajadores menos preparados, sino una reducción de sus oportunidades de empleo.
William Baumol
Friday, August 28th, 2009
La semana pasada, Hugo Chávez se tomó un descanso en la campaña de lobby que sigue en Washington a favor del depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, para viajar a Quito a una cumbre de jefes de Estado de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
Allí, Chávez lanzó una dura crítica contra las fuerzas armadas de Estados Unidos, reiteró su compromiso para expandir la revolución en la región y amenazó al continente con la guerra. Zelaya estaba a su lado.
La diatriba del venezolano contra EE.UU. y su aliado Colombia planteó la pregunta, una vez más, de qué podría estar pensando Washington para presionar a Honduras para que reinstituya a Zelaya. En junio, Zelaya fue depuesto de su cargo por el Congreso hondureño por violar la Constitución del país e incitar a la violencia de forma deliberada.
Esa no fue, sin embargo, la única razón que lo hizo impopular en su país. También se había convertido en un importante aliado de Chávez y era bastante obvio que estaba siendo entrenado para copiar la toma de poder de éste en Venezuela al socavar el equilibrio de poderes institucionales de Honduras.
Si Honduras ha sido capaz de neutralizar a Chávez, eso es algo para celebrar. Un control de instituciones al estilo de Chávez en Bolivia, Ecuador y Nicaragua ha sofocado el pluralismo político, la libertad de expresión y los derechos de las minorías en esos países. Actualmente hay una gran presencia del servicio de inteligencia cubano a lo largo del imperio venezolano. Zelaya se ha convertido, literalmente, en un acompañante de viaje de Chávez, lo que no deja dudas sobre el curso en el que pondría a Honduras si le dieran la oportunidad.
Entre las teorías que se rumorean sobre las motivaciones del presidente de EE.UU., Barack Obama, en su intento por forzar a Honduras a restituir a Zelaya, hay una hipótesis de que el gobierno estadounidense se está inclinando fuertemente hacia la izquierda. Obama ha expresado las mismas opiniones sobre Honduras que el senador demócrata John Kerry, quien sostiene que el gobierno interino debe ser obligado a restituir a Zelaya y que, durante más de dos décadas, constantemente se ha aliado a causas socialistas en América Latina.
Como senador, Kerry se da el lujo de tratar a Latinoamérica como su patio de juegos, como han hecho los demócratas durante décadas, imponiéndole ideas que los estadounidenses rechazan. Los venezolanos todavía recuerdan cómo el senador Chris Dodd, de Connecticut, jugó el papel de principal porrista de Chávez en el Senado mientras el caudillo consolidaba su poder.
No obstante, Obama es el presidente y comandante en jefe de EE.UU., y millones de personas en el hemisferio están contando en él para que le haga frente a la agresión de Venezuela. Juguetear con los pies bajo la mesa con Chávez con respecto a Honduras mientras el presidente venezolano amenaza la paz en el continente no va a ser bien recibido en un hemisferio que prefiere la libertad sobre la tiranía.
Tanto las autoridades de Colombia como las de EE.UU. afirman que la Guardia Nacional de Venezuela y altos funcionarios del gobierno de Chávez son cómplices en empresas criminales que trafican drogas en Sudamérica. La evidencia sugiere una alianza entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el mayor exportador de cocaína de ese país, y miembros del gabinete de Chávez. También hay evidencia en documentos y videos filmados por las FARC de que los guerrilleros tienen influencia en los altos estratos del gobierno ecuatoriano.
El negocio de la cocaína de las FARC es una fuente de ingresos para la organización terrorista y para Venezuela. Esta es la razón por la cual el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, ha acordado permitir que aviones de vigilancia contra la droga usen bases militares colombianas.
En Quito, Chávez expresó ira sobre el acuerdo. “Los gobiernos más guerreristas del mundo de hoy y del siglo XX… (incluyen a) Estados Unidos”, les dijo a sus pares sudamericanos y a Zelaya. “Los militares yanquis, esos no le hacen caso a presidente”, afirmó, eximiendo astutamente a Obama de toda culpa. “Tienen inmunidad además. En Colombia tienen inmunidad. Pueden violar mujeres, pueden matar, pueden arrasar para todos lados. No se les puede hacer nada. Es una cosa horrible”.
El acuerdo, que fue cerrado durante el fin de semana, es por supuesto mucho más limitado de lo que afirmó Chávez. Pero el líder venezolano no iba a dejar pasar una oportunidad para aumentar la tensión. “Vientos de guerra comienzan a soplar”, advirtió.
Sus pares no se lo tragaron. Colombia no fue condenado en Quito, en gran parte porque ningún miembro del grupo quería que sus propias decisiones soberanas estuvieran sujetas a la evaluación continental. Pero Chávez no se replegará. Él ha prometido continuar los esfuerzos para desestabilizar las democracias sobrevivientes. Honduras sigue siendo un blanco. Argentina también está en su mira. En una entrevista con el diario La Nación de Argentina, habló de su alianza con su presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. “Vamos a trabajar por reforzar el eje Caracas-Buenos Aires, que es un eje central”, señaló Chávez. “Como el eje Caracas-Quito, el eje Caracas-Buenos Aires es fundamental para la integración”.
La guerra de EE.UU. contra las drogas ha sido un colosal fracaso debido al gran mercado de cocaína en el país. La tragedia, más allá de la violencia que genera, es que las empresas criminales, que prosperan gracias a los clientes estadounidenses, hacen estragos en instituciones frágiles. Eso, de por sí, es malo. Pero el gobierno de Obama echa sal en la herida al rehusarse a apoyar el Tratado de Libre Comercio entre EE.UU. y Colombia que nuestro aliado ha solicitado y, ahora, al respaldar al peón hondureño de Chávez.
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Saturday, June 6th, 2009
He aquí otro motivo para preocuparse por las recientes señales de que el dólar de EE.UU. está nuevamente de capa caída: un dólar más débil podría suponer un alivio muy necesitado para el agitador antiestadounidense Hugo Chávez, cuya presidencia empieza a apretarse el cinturón ante una escasez de dólares. Incluso el déspota venezolano está entrando en pánico.
El mes pasado, el mandatario aceleró la campaña bolivariana contra las libertades. Pero, lejos de ser una señal de fortaleza, las medidas que tomó fueron muestras de desesperación diseñadas para frenar una debacle económica.
En el centro del meollo está el precio en dólares del crudo, la fuente predominante de divisas para Venezuela. La burbuja generada por una política monetaria laxa en EE.UU. a principios de la década invirtió un periodo de precios del crudo históricamente bajos a fines de los años 90, y premió a Chávez con un alud de ingresos provenientes del petróleo durante la mayor parte de su década en el poder.
Pero una economía petrolera es una espada de doble filo y en el último año el emulador de Castro se ha vuelto más vulnerable. Un dólar más fuerte y una demanda de crudo reducida han implicado menos dólares para Venezuela. A eso se suma lo que los analistas de la industria llaman una caída significativa en la producción debido a la politización del monopolio nacional petrolero conocido como PdVSA, y es fácil ver por qué las reservas del banco central han ido menguando.
Chávez ha sentido los efectos. El Presidente ha tenido que reducir su práctica de financiar a aliados revolucionarios en el resto del hemisferio. La capacidad del país de pagar importaciones —desde alimentos hasta maquinaria industrial y autopartes— también se ha deteriorado.
La tasa de cambio está fijada en 2,15 bolívares por dólar, pero el banco central no da abasto para suplir los pedidos de los importadores a esa tasa. La tasa en el mercado negro es de 6,5. El tener menos dólares disponibles para mantener los intereses domésticos que lo sostienen en el poder, también es un problema en el horizonte para el tirano.
Nadie entiende hasta qué punto el futuro del régimen depende de restablecer la bonanza de dólares mejor que Chávez. Si la Fed lo complace continuando con el debilitamiento del dólar, tal vez sobreviva.
Mientras, el mandatario está luchando por controlar el efecto dominó de la catástrofe económica que se le avecina.
En el frente político, está haciendo todo lo posible para asegurarse de que sus oponentes no cuenten con recursos. El gobierno central ha estado despojando a alcaldes y gobernadores de la oposición de sus ingresos presupuestarios y su autoridad sobre las escuelas, hospitales y policía. Asimismo, militantes chavistas han bloqueado el ingreso del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, un importante crítico de Chávez, a la Alcaldía desde su elección en noviembre.
En el frente económico, PdVSA parece tener problemas financieros que van en aumento debido a malversaciones de fondos e incompetencia.
Esto explica la nacionalización el mes pasado por parte de Chávez de más de 70 contratistas de servicios petroleros. El boletín informativo VenEconomía, con sede en Caracas, apuntó que el mandatario anunció las intervenciones con gran fanfarria, posando para los fotógrafos junto a la costa del lago de Maracaibo. Pero señaló que aún debería causar mayor consternación la toma de control paralela de cinco plantas de gas, vapor e inyección de agua, que “sostienen casi la mitad de la producción” de crudo. El informe apunta que “muchos analistas advierten que PdVSA no tiene el conocimiento ni las destrezas necesarias para operar esas plantas de modo eficiente”, y que, de ser eso cierto, la compañía podría perder una capacidad significativa. La tecnología de inyección recupera las reservas bajas al aumentar la presión bajo tierra.
Entonces, ¿por qué lo hizo? La teoría de VenEconomía es que el gobierno podría haber así tratado de “impedir el cierre de operaciones” por parte de las compañías en señal de protesta por la negativa de PdVSA a pagar varios miles de millos de dólares en facturas atrasadas”. Otros han dicho que PdVSA está tratando de ahorrar dinero.
En cualquier caso, la razón es la misma: a Chávez le falta dinero verde. Y aunque el presidente presumió la semana pasada de que Venezuela tiene el dinero más que suficiente para repagar todas sus deudas, eso es dudoso. Algunos cuyas propiedades fueron expropiadas el año pasado, como tres cementeras extranjeras y los propietarios venezolanos de la planta siderúrgica Sidor, no han sido compensados. Un banco español, también intervenido el año pasado, todavía espera compensación.
La escasez de dinero también podría ayudar a explicar la expropiación “temporal” de una fábrica de pasta de Cargill en mayo, con las instrucciones estrictas de que sólo se devolvería si la planta se dedica exclusivamente a la producción de productos de precio controlado.
El problema fundamental es que Venezuela importa una gran parte de lo que consume. Los importadores tienen derecho a obtener los dólares que necesitan a la tasa oficial a través del administrador de divisas extranjeras del gobierno, conocido como Cadivi. Pero en abril, Cadivi empezó abiertamente a aconsejar a los importadores que se dirigieran al mercado negro para obtener dólares. La “sugerencia” de Cadivi es otro indicador de que al gobierno le faltan divisas. Parece haber improvisado una alternativa extra-legal a una vergonzosa devaluación oficial.
Una devaluación implicaría una debacle inflacionaria. La alternativa, una contracción monetaria, supone el riesgo de ralentizar la economía. Ambas opciones serían un desastre político para Chávez. Eso explica el intento de intimidar a Cargill, con el mensaje implícito a todos los productores domésticos de que el control de precios es la ley. El terror por parte del gobierno y la intimidación contra el sector privado son la mejor esperanza para la supervivencia de Chávez mientras espera para ver si el Tío Ben (Bernanke) le da una mano con una nueva tanda de inflación para el dólar.
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