La consecuencia de una ley de salario mínimo no es el aumento del ingreso de los trabajadores menos preparados, sino una reducción de sus oportunidades de empleo.

William Baumol

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¿Queremos tanto a Mario?

http://www.institutoaccion.com/2010/10/25/%c2%bfqueremos-tanto-a-mario/

“Expropiarán la casa donde vivió Vargas Llosa”, dice la noticia. En sesión de consejo, la Municipalidad de Arequipa ha aprobado instaurar allí un Centro Cultural en honor al reciente Premio Nobel de la Literatura. Para ello, no han propuesto comprarla, como desde hace años se discute. Quieren arrebatarla, estatizándola.

Sin consultárseles ni tener la libertad para elegir, los actuales propietarios de la vieja casona de la Avenida Parra (una empresa inmobiliaria con sede en Lima), serán arrastrados a un juicio contra el Estado. Su inversión habrá de ser “justipreciada”, por causa de improbable “necesidad pública”.

Quienes promueven este despojo no han aprendido nada de lo que nuestro más consagrado novelista enarbola: La defensa de las libertades contra todo tipo de abuso y coerción estatal. O, lo han entendido al revés. Y, así pretenden homenajearlo.

Con tu plata

Flagrante atentado contra la propiedad privada y la libre empresa, esta inconstitucional iniciativa nos regresa a tiempos que ilusamente creíamos superados. Disponer de lo ajeno, apelando a causas nobles (o, presuntamente loables), siempre ha sido la justificación ideal de los políticos de toda laya, para ganarse la aprobación de los incautos.

Solo hace falta permitírselos. Y dispondrán de todo cuanto nos es más caro… Lo inquietante es que la noticia no ha tenido la repercusión que su peligro significa: Que las grandes mayorías vean con simpatía esta regresión a épocas dictatoriales y militaristas.

Suene a bien común, a necesidad pública, a interés o justicia social, estas “buenas intenciones” disfrazan la prepotencia y la barbarie que directamente Vargas Llosa combatió en sus ensayos, cartas y novelas. Recuérdese que el Nobel se le concedió “por cartografiar las estructuras del poder” y “afilar las imágenes de la resistencia del individuo”. Es más que simbólico.

Gracias, Mario

La casa donde nació y pasó su primer año Pedro Mario Jorge Vargas Llosa, tiene un gran valor sentimental. De hecho es un lugar histórico. Pero, luego del Nobel, su valor comercial debe haberse tornado superlativo. Demolerla, si es el temor de los manipulables, sería lamentablemente estúpido, por no decir antieconómico. Es una joya.

Pero tiene dueño. Ya quisiera serlo cualquiera, pero para eso son los derechos, para respetarlos y hacerlos respetar… Hay mejores formas de celebrar el triunfo del ilustre arequipeño, que nos llena de alegría. Pero no es despojando o eludiendo pagar el precio que su incrementada fama acarrea (“justipreciándolo”), como debe de recordársele.

¿Quién invertirá allí donde no puede conservar lo que honestamente ha adquirido? ¿No ha padecido ya bastante el Perú y sobretodo Arequipa, por esta causa? Si queremos tanto a Mario, aprendamos bien el camino por el que nos enseñó a transitar: el camino de las libertades y el del civilizado respeto por lo ajeno.