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Desarrollo e infraestructura


Desarrollo e infraestructura

Entre las visiones heredadas más comunes para el desarrollo, encuentro, recurrentemente, aquella que sostiene que la acumulación de capital físico y humano trae consigo -inevitablemente- desarrollo y prosperidad. Nos lo repiten recurrentemente nuestros políticos, vendiendo con ello la idea de que quien construye más es un mejor gobernante.

Tal vez por eso la heredera del fujimorismo tiene cerca de 25% de intención de voto.

En todo caso, estamos expuestos a diario a la creencia de que más infraestructura significa, en lato, menos pobreza. ¿Es eso verdad? Según la teoría moderna, no tanto. Y lo pongo en términos relativos porque la mayor dotación de capitales físicos es, sin duda, mejor que la ausencia de los mismos. Empero, tampoco significa la panacea. Japón es un excelente ejemplo de ello.

Y en el Perú, ¿cómo estamos? Bueno, al igual que la gran mayoría de países subdesarrollados, tendemos a creer que la razón principal de nuestra condición económica es la falta de infraestructura y de educación. Sí, son un componente de la misma. Empero, y según un estudio muy profundo del McKinsey Global Institute sobre dicho tema, en Brasil -un referente idóneo para un país como el nuestro- dicha deficiencia sólo explica el 8% de la brecha en productividad con Norteamérica. El restante 92% lo explica la ausencia de adecuados métodos productivos.

¿Y como determinante de dicha ausencia encuentra a quién? Pues al Estado. Y acá no se trata de un tole tole libertario; los altos impuestos, sumados a la excesiva carga regulatoria, impiden a las empresas formales desplazar del mercado a las empresas informales de baja productividad (tal como en el Perú, la mayor parte de la economía brasileña es informal). Sólo en un país como el nuestro puede quebrar una empresa que ostenta el 95% del mercado.

Eso sucedió localmente con Blockbuster, cadena de alquiler de videos que con dicho porcentaje del mercado quebró frente a la informalidad.

En el Perú, para seguir con los ejemplos de contradicciones, estamos acostumbrados a escuchar sobre la falta de infraestructura como principal freno a nuestro desempeño económico y, consecuentemente, de nuestro desarrollo.

Eso no es cierto. Las regiones con mayor dotación de infraestructura son, simultáneamente, las regiones con mayor número absoluto de pobres. Lima, La Libertad y Piura se encuentran en el primer cuartil de dotación de capital físico, y en estas regiones vive, asimismo, la mayoría de los pobres del Perú. Es decir, nuestros pobres viven rodeados de infraestructura, pero no tienen acceso a la misma. ¿Discriminación empresarial? Por supuesto que no. Al igual que en Brasil, acá sobra Estado.

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