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¿Cómo entender a Ramonet?


¿Cómo entender a Ramonet?

Ignacio Ramonet, otrora editor de Le Monde Diplomatique, propone en la última edición local del pasquín una ocurrencia que, más allá de falsa, demuestra los niveles de negación a los que la izquierda puede llegar en estos días. Digo negación, y no ignorancia, porque los hechos constatan, sin el más mínimo margen de error, que el mundo es hoy palmariamente mejor que en 1989, año de la caída del Muro de Berlín.

Ramonet no es, así parezca, ningún ocioso intelectual. Doctor en Semiología e Historia de la Cultura, su Currículum Vitae sustenta una larga trayectoria intelectual. ¿Cómo entender, entonces, que una persona tan leída sostenga que “el mundo de hoy no es mejor”? ¿Cuáles son los sustentos concretos que acompañan semejante propuesta? Para nuestra tranquilidad, se basa en creencias e ideología; es decir, en nada factual.

Comulgando en la diatriba de una izquierda rezagada cognitivamente, Ramonet habla de una crisis “alimentaria, energética, ecológica y económica”, de un aumento de las desigualdades y de un estancamiento en los niveles de malnutrición, pobreza, analfabetismo y acceso a salud. Habla de ello; empero, sin sustento. ¿Existen, por otro lado, hechos que demuestren la falsedad de lo dicho por Ramonet? Sin duda, y mencionaré algunas cifras: Según el Banco Mundial (BM), en 1981 la pobreza extrema en países subdesarrollados se situaba en 41.9%; para fines del año 2005 la misma se encontraba en 16.1%. Para el economista Surjit Bhalla, el Objetivo de Desarrollo del Milenio del BM (reducir la pobreza extrema a menos del 15% para el 2015) ya se cumplió. Hoy, en términos absolutos, hay 656 millones de pobres menos que en 1981, sólo en países subdesarrollados. En cuanto a desigualdad, según Sala-i-Marti, la distribución económica mundial de la misma se ha desplazado ininterrumpidamente hacia mejores niveles desde 1970; el coeficiente de Gini, para mayor exactitud, se ha reducido de 0.65 a 0.63. Y si a calidad de vida nos referimos, la evidencia es abrumadoramente positiva: tasas de mortalidad infantil reducidas a la mitad, casi 20 años más de expectativa de vida, reducción del 29% al 12% en malnutrición, así como mejores retornos en la productividad agrícola, tecnológica e industrial (Dollar, Goklany, Bhalla y otros). Incluso en variables ambientales, el mundo hoy es mejor (Goklany, 2007). Todo ello desde 1980. ¿Ramonet miente? No lo descarto. Bertrand Russell decía que todo hombre, por donde vaya, está rodeado por una nube de convicciones reconfortantes, que se mueven con él como moscas en un día de verano. Y a las moscas, como sabemos, les encantan los progresistas.

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