La consecuencia de una ley de salario mínimo no es el aumento del ingreso de los trabajadores menos preparados, sino una reducción de sus oportunidades de empleo.

William Baumol

Archive for November, 2009

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Perú: 1955-2009

Monday, November 30th, 2009

Interesantes reflexiones nos brindó Dionisio Romero -durante la CADE 2009- sobre sus 50 años de vida empresarial, que no son poca cosa en un país espantainversiones como el nuestro. Don Dionisio sostiene que la misma pasó por tres etapas: “31 años de moverte y acomodarte”, etapa que transcurrió entre 1955 y 1990; “a trabajar que vienen los extranjeros”, entre 1990 y 2000; finalmente, “19 años y muchos más”, se refiere a la actual.

Revisando la data histórica, el Perú ha transitado diversas autopistas entre 1955 y el 2009. Siguiendo la taxonomía del economista William Baumol, el Perú vivió hasta 1962 (gobierno de don Manuel Prado y Ugarteche) un estilo de capitalismo oligárquico y de grandes firmas; desde 1963 hasta 1990, el Perú transitaría una senda de socialismo en mayor o menor medida, desde las prácticas irresponsables y proteccionistas del belaundismo, pasando por el comunismo velasquista, hasta el modelo estatista y autárquico que primó hasta 1990; de ahí en adelante, el Perú vive una mezcla de capitalismo emprendedor y de grandes empresas (más notable sin duda desde el 2001).

Lo central hoy es, sin duda, la consolidación de este modelo, tanto para los grandes capitales como para los más necesitados, quienes sin duda se benefician del modelo. Existe, sin embargo, una razón menos visible de por qué mantener el actual modelo es beneficioso para todos los peruanos: el tipo de modelo económico pule las prácticas empresariales existentes y crea parámetros de comportamiento. Así, por ejemplo, el modelo estatista y expropiador de 1963-1990 creó un empresariado mercantilista, incapaz de mirar el largo plazo dado que la consigna era sobrevivir -y los que podían, prosperar- en base a la relación con el Estado. El actual modelo, en cambio, obliga -a grandes y pequeños- a preocuparse por variables claves en el algoritmo del crecimiento empresarial: prácticas gerenciales, productividad, organización, planeamiento estratégico, comunicaciones, aprendizaje y conocimiento, entre otras.

Lo curioso, al menos para el anecdotario local, es lo compasivos que han sido estos empresarios con los actores del pasado. Algún cínico dirá que se hicieron fortunas durante los años de estatismo; eso no es cierto. Velasco expropió -a mano armada- a diestra y siniestra (agro, banca, minería, industria, medios, pesca, entre otros), y los gobiernos de Belaunde y García, si bien relajaron los controles y las prohibiciones, retornaron muy pocos sectores a las manos apropiadas en el sector privado -léase, a sus verdaderos propietarios. El Perú de hoy es re-creado por el esfuerzo y la creatividad de peruanos exitosos; ni por un minuto crean que la tuvieron o que la tienen fácil gracias al Estado Peruano.

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Un estudio revela que las familias “progres” pasan de la educación de sus hijos

Monday, November 30th, 2009

Un estudio ha revelado que las familias que se consideran “progresistas” se “desentienden notablemente” de la educación de sus hijos delegando esta labor a la escuela. El escrito añade que en el lado opuesto se encuentran las familias denominadas “tradicionales”, a las que dejan en muy buen lugar.

Según informa este sábado El País, un informe encargado por la Fundación Bofill a un equipo de expertos ha puesto de manifiesto cómo funciona la educación en los “distintos tipos” de familia que se han analizado. En este sentido, esta clasificación se compone de las “extrovertidas y progresistas”, las “introvertidas y tradicionales”, las “conflictivas” y las “armónicas y convivenciales”.

Las denominadas familias “progresistas” no han salido muy bien paradas en este informe, que revela que en ellas “hay un notable desestimiento de la educación de los hijos, que se delega en la escuela, en personal auxiliar domiciliario”. Además, incide en que en esta concepción familiar es donde más “conductas antisociales” se dan en los hijos.

Los expertos consideran que estos “progresistas” rechazan la pena de muerte, defienden el aborto, la eutanasia y la legalización de la marihuana, y trabajan más fuera de casa”.

En el lado opuesto, están las familias “tradicionales” y la “convivencial”, que son las que despiertan más elogios en cuanto a la educación de sus hijos. De la primera destaca que tienen “los valores de siempre”, autoridad fuera y dentro de la familia. De la segunda añade que en ellas hay un buen clima familiar y que suelen optar “por el castigo como correctivo”.

Tal y como indica su nombre, las familias “conflictivas” son las que más problemas presentan y en ellas no existe un buen clima familiar y “carecen de normas de convivencia en casa a la hora de ir a dormir”.

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¿Por qué es necesario crecer?

Monday, November 23rd, 2009

Aunque suene tautológico, la clave del desarrollo es el crecimiento económico. Sólo para algunos miopes pasa inadvertida esta relación. La causalidad, por supuesto, es mutua; empero, la variable determinante de la relación es el crecimiento.

Algunos misólogos identifican el crecimiento económico con la génesis de todos los males imperantes; apuntan, tercamente, que el crecimiento no es la panacea, y que el mismo sólo puede llevar a la desigualdad y la destrucción del medio ambiente. La data que sustente lo contrario les es, por decir lo menos, trivial. No contentos con ello, sueltan, a veces, curiosas propuestas encaminadas a promover un estado de “crecimiento cero”, seguido de nuevos y mayores clamores por redistribuir la riqueza actual. En otras palabras, que ya el mundo está lo suficientemente enriquecido para colmar las necesidades de todos los seres humanos y que, por lo tanto, la solución estriba en la adecuada distribución de los frutos logrados.

El sofisma, realmente, recae en un pequeño error de percepción: la pregunta, en el fondo, no es otra que ésta: ¿por qué los individuos están interesados en producir más? Dicha pregunta, en el agregado, supone la variable “crecimiento”. La respuesta no es otra que para mejorar su calidad de vida vis a vis su anterior modo o estilo de vida. Y esa búsqueda por mejoras en la calidad de vida es la que incentiva -o motiva- el interés por producir más.

Los incentivos, como bien dice William Easterly, son los que promueven la acción humana. Los humanos no producen por placer; de ser así, pagaríamos por trabajar. Tampoco producimos por codicia, como los insensatos sostienen. Los mayores niveles de producción originan excedentes que, al intercambiarlos -normalmente a través del sistema monetario-, nos permiten obtener otros bienes y servicios que mejoran nuestra calidad de vida.

Esa es la conexión lógica: necesidades -léase carencia de bienes- crean motivos para producir, y mayores niveles de producción nos permiten intercambiar -léase mejorar nuestra calidad de vida. Produciremos hasta el punto en que el reposo tenga mayores réditos que la producción. Entonces, sí hay límites naturales a la producción, con lo que el miedo indirecto a la autoextinción es una nimiedad.

Peor es la pobreza imperante en algunos recodos del orbe. Y por eso es que debemos de seguir produciendo y progresando. El movimiento que promueve el “crecimiento cero” sólo apunta a aniquilar los incentivos que mueven a los seres humanos, una pésima noticia para los más pobres y necesitados.

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Chávez cambiará la forma de medir el PIB para ocultar la crisis de Venezuela

Monday, November 23rd, 2009

“Ya llegó el momento, llegó la hora, de cambiar la forma de medir la economía”, declaró Chávez, quien afirmó que en las actuales técnicas está enquistada “la lógica de la privatización de la economía” porque se “minimiza” el peso de la producción pública.

El mandatario aclaró el miércoles que “desde hace tiempo” ha hecho esa “sencilla reflexión” sobre modificar el método de medición de la economía, incluso cuando el PIB registró un crecimiento consecutivo durante 22 trimestres, hasta el pasado marzo.

Puso como ejemplo del cariz “capitalista” de los métodos de medición de la economía que el Banco Central de Venezuela (BCV-emisor) atribuyera el derrumbe en 4,5 por ciento del PIB entre julio y septiembre pasados a la bajada de la producción petrolera del país, derivada del cumplimiento de los recortes acordados en el seno de la OPEP.

“Uno de los impactos más fuertes que incidió en la caída del PIB es la caída del llamado PIB petrolero (…) ¡pero la caída del PIB es el recorte!” de la producción acordado en la OPEP para evitar, como lo ha hecho con “éxito”, el derrumbe de los precios del crudo, aseguró.

Ante ese escenario “desde el punto de vista capitalista” se indicaría “que para que el PIB crezca tenemos que aumentar la producción” petrolera, lo que llevaría al piso los precios del crudo, “y no tendríamos ni para pagar sueldos el próximo año”, argumentó el mandatario.

Venezuela es miembro fundador de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y redujo desde el 1 de enero pasado su bombeo diario en 364.000 barriles, lo que dejó su cuota de producción en alrededor de los tres millones de barriles diarios de acuerdo a datos oficiales venezolanos.

También citó que, de acuerdo a los métodos de cálculos actuales, la inflación cerró en 30,9 por ciento en 2008, pero ese indicador “es cero” en Mercal, la red gubernamental de venta de alimentos a precios bajos, y ello no lo toma en cuenta el BCV, afirmó el mandatario.

“No podemos permitir que se sigan calculando estas cosas con los viejos métodos del capitalismo (…) es perjudicial”, más ahora, cuando en Venezuela que se encuentra “en transición hacia el socialismo”, explicó Chávez.

Analistas venezolanos atribuyeron la caída económica del tercer trimestre, además de a los recortes en la producción petrolera, “a la muy incoherente política económica” basada en una supuesto exceso de regulación por parte del Estado, que ha generado una inflación galopante y la destrucción del aparato productivo. Venezuela lleva desde hace tiempos sumida en una estanflación (recesión económica más inflación) y en una dura guerra comercial con sus países vecinos.

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Desarrollo e infraestructura

Saturday, November 14th, 2009

Entre las visiones heredadas más comunes para el desarrollo, encuentro, recurrentemente, aquella que sostiene que la acumulación de capital físico y humano trae consigo -inevitablemente- desarrollo y prosperidad. Nos lo repiten recurrentemente nuestros políticos, vendiendo con ello la idea de que quien construye más es un mejor gobernante.

Tal vez por eso la heredera del fujimorismo tiene cerca de 25% de intención de voto.

En todo caso, estamos expuestos a diario a la creencia de que más infraestructura significa, en lato, menos pobreza. ¿Es eso verdad? Según la teoría moderna, no tanto. Y lo pongo en términos relativos porque la mayor dotación de capitales físicos es, sin duda, mejor que la ausencia de los mismos. Empero, tampoco significa la panacea. Japón es un excelente ejemplo de ello.

Y en el Perú, ¿cómo estamos? Bueno, al igual que la gran mayoría de países subdesarrollados, tendemos a creer que la razón principal de nuestra condición económica es la falta de infraestructura y de educación. Sí, son un componente de la misma. Empero, y según un estudio muy profundo del McKinsey Global Institute sobre dicho tema, en Brasil -un referente idóneo para un país como el nuestro- dicha deficiencia sólo explica el 8% de la brecha en productividad con Norteamérica. El restante 92% lo explica la ausencia de adecuados métodos productivos.

¿Y como determinante de dicha ausencia encuentra a quién? Pues al Estado. Y acá no se trata de un tole tole libertario; los altos impuestos, sumados a la excesiva carga regulatoria, impiden a las empresas formales desplazar del mercado a las empresas informales de baja productividad (tal como en el Perú, la mayor parte de la economía brasileña es informal). Sólo en un país como el nuestro puede quebrar una empresa que ostenta el 95% del mercado.

Eso sucedió localmente con Blockbuster, cadena de alquiler de videos que con dicho porcentaje del mercado quebró frente a la informalidad.

En el Perú, para seguir con los ejemplos de contradicciones, estamos acostumbrados a escuchar sobre la falta de infraestructura como principal freno a nuestro desempeño económico y, consecuentemente, de nuestro desarrollo.

Eso no es cierto. Las regiones con mayor dotación de infraestructura son, simultáneamente, las regiones con mayor número absoluto de pobres. Lima, La Libertad y Piura se encuentran en el primer cuartil de dotación de capital físico, y en estas regiones vive, asimismo, la mayoría de los pobres del Perú. Es decir, nuestros pobres viven rodeados de infraestructura, pero no tienen acceso a la misma. ¿Discriminación empresarial? Por supuesto que no. Al igual que en Brasil, acá sobra Estado.

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Turgot y el “laissez-faire”

Thursday, November 12th, 2009

Las palabras y las expresiones deben mantener su sentido y señalarse el contexto en que fueron dichas. Recordemos que, por ejemplo, la expresión “viva la Pepa” muchas veces se toma como una alabanza al desorden y al caos. Sin embargo, se trata nada menos que de la magnífica Constitución liberal de Cádiz de 1812 en cuya época se utilizó por vez primera la palabra “liberal” como sustantivo y no meramente como adjetivo para indicar generosidad, en oposición al los llamados “serviles” que acataban la línea napoleónica o monárquica. Cuando Fernando VII reasumió el trono, su primer medida fue la de abrogar la referida Constitución y prohibió que se la mencionara. Entonces, los partidarios de aquella manifestación liberal la denominaron ‘la Pepa’ porque había sido promulgada el día de San José: al grito de ” ¡Viva la Pepa!” las trifulcas provocadas por la represión a los defensores del orden de la libertad.

Asunto parecido ocurre con la expresión “laissez-faire” que según las mentes distraídas, mal informadas y partidarias de la regimentación humana, alude al caos y al desorden cuando en verdad surgió como un grito de comerciantes que le pedían al gobierno que los dejaran en paz para realizar actividades lícitas y competitivas. Acuñó la expresión de marras Gournay (Jacques Claude Marie Vincent), un comerciante exitoso del siglo dieciocho bien adentrado en los principios de la ciencia económica y en las enseñanzas de Cantillon y de John de Witt. Sabía que los mercados libres producen los mejores resultados para las masas y las necesarias coordinaciones a través de los precios, y que las interferencias del aparato estatal indefectiblemente conducen a faltantes y pobreza generalizada. Como una nota al pie, consigno que mi casa en Buenos Aires (San Isidro) se llama “Laissez-Faire”.

Anne Robert Jacques Turgot, amigo de Gournay y, a su vez, influido por Ferdinando Galiani, Hume y Josiah Tucker, fue en la época el mayor difusor de la teoría del lasseiz-faire y fue el que le brindó el mayor rigor intelectual, lo cual resumió en un extenso tributo rendido a aquel amigo a raíz de su muerte prematura y en sus trabajos titulados Plan para los impuestos en general (inconcluso, 1763), Observaciones sobre el ensayo de Saint-Péravy (1767), Reflexiones en la formación y en la distribución de la riqueza (1766), Crítica a la presentación de J.J. Graslin (1767), Acerca del valor y el dinero (inconcluso, 1769), Ensayo sobre el préstamo a interés (1770) y Carta al Abate Terray (1773). No hay texto de pensamiento económico que no dé cuenta de este personaje pero a los efectos de estas líneas nos surtimos en la obra de Schumpeter, muy especialmente en la documentación que aparece en el primer tomo de la de Murray N. Rothbard, en el libro de Henry William Spiegel y, más bien para adentrarse en el contexto, en el primer capítulo del trabajo de Gide y Rist.

En algunos casos se lo suele asimilar a Turgot con los fisiócratas pero, salvo ciertas consideraciones sobre la importancia del valor de la tierra (a pesar de sus por entonces novedosas consideraciones sobre rendimientos decrecientes), no puede equiparárselo a las teorías de Quesnay, Mirabeau y Dupont de Nemours, ni siquiera con las de Mercier de la Riviere. Junto con Turgot, es cierto que todos tenían especial aversión por los absurdos controles y reglamentaciones mercantilistas —inspiradas principal aunque no exclusivamente en concepciones colbertianas— y las criticaban por igual, pero Turgot contaba con conocimientos mucho más sólidos de la economía y, consecuentemente, desarrolló tesis más sofisticadas y liberadas de falacias y contradicciones propias de la fisiocracia.

Sus contribuciones pueden resumirse en once puntos centrales. En primer lugar, igual que haría posteriormente Adam Smith, subrayaba que el motor de todas las transacciones y el progreso estriba en el interés personal que en una sociedad libre hace que se atiendan del mejor modo posible los intereses del prójimo ya que para incrementar sus patrimonios deben ofrecer bien y servicios a terceros. Por ende, en este contexto, el interés personal siempre coincide con el interés general puesto que “es la única manera de asegurar, por un lado, el precio suficiente para estimular la producción y, por otro, que el consumidor obtenga la mejor mercancía al precio más bajo posible”.

En segundo lugar, se oponía al control de precios ya que escribía que “el gobierno debe proteger siempre la libertad natural del comprador a comprar y al vendedor para vender”. En tercer término, mantenía que los fraudes debían ser castigados pero enfatizaba que los procesos abiertos sirven de aprendizaje a las partes, así “el consumidor que es trampeado aprenderá por experiencia y cesará de comprarle al comerciante tramposo quien perderá su reputación”. Y en este mismo sentido subraya que “el pretender que el gobierno prevenga los fraudes sería como querer que se entreguen almohadas para todos los niños que pudieran caerse [...] Se pierde de vista que todas las regulaciones son confiadas a hombres que pueden tener más interés en cometer fraudes o en convivir con el fraude ya que el fraude que cometerían estaría cubierto por el sello de la autoridad pública [...] y consecuentmente la nación estará cargada con el peso para salvar a gente indolente que no se toman el trabajo de averiguar ellos al efecto de no ser trampeados”.

Cuarto, Turgot se refiere repetidamente al conocimiento disperso que no puede ser sustituido por ninguna autoridad: no hay necesidad de probar que cada individuo es el único juez competente acerca del uso [de lo suyo]. Solo el tiene el conocimiento particular y la persona más sabia solo podría argumentar a ciegas con el [...] Resulta completamente imposible el dirigir a través de reglamentaciones y continuas inspecciones la multitud de transacciones que por su inmensidad no pueden ser conocidas las que dependen de infinidad de circunstancias cambiantes que no pueden ser manejadas ni previstas”.

Quinto, alude a los pseudoempresarios que viven de las protecciones de la competencia que le brinda el poder político a contramano de los intereses de los consumidores, así escribe que “No hay empresario que no le gustaría ser el único vendedor de su mercancía. No existe ramo comercial en los que operan en el no quisieran eliminar la competencia y que no busquen algún argumento sofista para hacer creer a la gente que eso está en el interés del país, por lo menos en lo que se refiere a los productos que vienen del exterior que presentan como los enemigos del comercio nacional. Si los oímos, y los hemos oído muy seguido, todos los ramos del comercio estarían infectados de este tipo de monopolios. Estos tontos no ven los efectos [de la extensión de esa idea] a los productos locales”, lo cual bautiza como la guerra de la opresión recíproca”.

Sexto, elabora en cuanto a los efectos nocivos de los siempre crecientes gravámenes sobre la producción y el consumo y concluye que “Parece que las finanzas públicas, como un monstruo voraz, está al acecho para hacerse del botín de la riqueza de la gente.” Séptimo, se anticipa a la teoría subjetiva del valor y a la idea de los costos de oportunidad al poner énfasis en “las cambiantes necesidades de las personas” y que el valor “no es susceptible de medición”: “el agua a pesar de la necesidad que hay por ella y de la multiplicidad de satisfacciones que proporciona al hombre, no se valora ya que la encuentra en abundancia”. Además señala que “La superioridad en el valor de lo que estima adquiere una persona respecto de lo que entrega a cambio, resulta esencial en el intercambio y el solo motivo del mismo”.

Octavo, sus nociones sobre la teoría del capital, el ahorro y el rol del interés son notablemente modernos y en línea con las tesis de la Escuela Austríaca (lo cual incluye críticas muy bien fundadas a las leyes sobre la llamada “usura”). Noveno, su concepción monetaria: “El dinero no es para nada el resultado de una convención por lo que se intercambia por otros valores; es en si mismo un objeto de comercio, una forma de riqueza porque tiene un valor”. Décimo, proclamaba a los cuatro vientos la trascendencia de la tolerancia religiosa como consubstancial a la paz: “Si imponemos la unidad religiosa y no las diferentes opiniones toleradas, produciremos problemas y guerra civil”. Y undécimo, se oponía al servicio militar obligatorio que respaldaba en el hecho que “la repugnancia al servicio en la milicia está muy generalizado entre la gente”.

Lamentablemente Turgot perdió casi dos años de su tiempo (1774-76) intentando poner orden en las desquiciadas finanzas públicas de la Francia pre-revolucionaria, en definitiva sin éxito puesto que la nobleza se opuso firmemente a que le arrancaran sus privilegios y prebendas. De todos modos, quedan sus valiosos escritos y su influencia en corrientes de pensamiento posteriores.

Y aquellas propuestas que nuestro autor publicitó a contracorriente de la opinión prevalente en su época, nos dan un buen ejemplo para dar rienda suelta a nuevos descubrimientos que contribuyen a fortalecer las autonomías individuales y una mayor productividad y bienestar general. Ningún liberal que se precie de tal sostendrá que se ha llegado a una meta final. El liberalismo es un proceso en permanente ebullición. Por ejemplo, actualmente resulta de gran interés otorgar el alimento necesario a la idea de la privatización del mar y despejar telarañas mentales que caprichosamente se aferran a la noción de que solo pueden asignarse derechos de propiedad a lo que es sólido o a lo que no se mueve (lo cual, entre otras cosas, contradice la apropiación de marcas y de todos los bienes muebles y alteraría la propiedad del subsuelo respecto del petróleo y también del agua). Las nuevas tecnologías permiten la implantación de chips (como hoy se hace con las ballenas) y el llamado alambrado electrónico para reforzar las ya de por si precisas medidas cartográficas en el océano al efecto de establecer avenidas, peajes y propiedades para explotar los cuantiosos recursos marítimos ahora sujetos a la inmisericorde “tragedia de los comunes”, en lugar de aplicar la misma tesis para la ocupación original en tierra firme o la asignación en proporción a los espacios de cada país para luego proceder a la correspondiente subasta.

Turgot no vivió para presenciar la Revolución Francesa y su célebre Declaración de Derechos en la que se incluía, ente otras nociones de libertad, la antes referida igualdad de derechos ante la ley, ni tampoco asistió al derrumbe de la contra-revolución con el terror y el desmantelamiento de las ideas originales y el advenimiento del bonapartismo. En los tiempos que corren es necesario subrayar que la idea de democracia significa el respeto por los derechos de la minoría. Así, para cerrar esta nota, con motivo de los acontecimientos de Honduras, es pertinente citar una parte de una columna periodística de Huber Matos: “Quien violó la Constitución hondureña fue el propio Manuel Zelaya. No solo la violó repetidamente, sino que irrespetó a las autoridades judiciales encargadas de velar por su espíritu y su letra [...] Un golpe de estado no debe quedar impune en ninguna parte del mundo: ni los que nacen en los cuarteles, ni aquellos que, desde el poder y en nombre de la democracia, se llevan a cabo con el siniestro fin de destruirla”. Sin duda que esta condena a los repetidos golpes caprichosos, zigzagueantes y autoritarios no alude a la tradición liberal del derecho lockeano de resistencia, lo contrario eliminaría todas las revoluciones de independencia coloniales, comenzando con la estadounidense que ha sido la experiencia más fértil en lo que va de la historia de la humanidad.

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Chávez declara que el socialismo es el “Reino de Dios”

Wednesday, November 11th, 2009

Una encuesta nueva en Venezuela muestra que la aprobación del Presidente Hugo Chávez ha caído de alrededor de 60 por ciento a principios de este año a 46 por ciento hoy. De igual manera, la desaprobación del Presidente ha aumentado desde alrededor de 30 por ciento a principios de este año a 46 por ciento hoy, y 59 por ciento de aquellos encuestados ven de manera negativa la situación del país.

A pesar de haber recibido más de $800.000 millones en ganancias durante los diez años de Chávez en el poder, el gobierno está haciendo un pésimo trabajo en cumplir son sus funciones legítimas–tales como el control del crímen o la corrupción–y la administración pública en otras áreas se está deteriorando. Chávez recientemente anunció cortes regulares de electricidad y en la provisión del agua (Estos asuntos serán discutidos próximamente en un Foro del Cato Institute acerca de Venezuela el 10 de noviembre).

Mientras que las condiciones domésticas deterioran, Chávez aparentemente se está sintiendo cada vez más poderoso, o al menos siente la necesidad de continuar su insaciable acumulación de poder. Hoy, El Universal, un periódico venezolano, reporta que Chávez ha anunciado que el puede expropiar empresas privadas cuando así lo quiera porque el recibió esa potestad del pueblo. ¿Por qué preocuparse acerca del Estado de Derecho cuando uno tiene la habilidad de interpretar la voluntad del pueblo? Los comentarios de Chávez reportados hoy deberían descartar cualquier duda acerca de si Chávez se considera o no el salvador de su país:

“Cada día soy más revolucionario, cada día soy más socialista…Voy a llevar a Venezuela hacia el socialismo, con el pueblo y los trabajadores…Ni se negocia la revolución, ni se negocia el socialismo, porque cada día estoy más convencido de que el socialismo es el reino de Dios aquí en la tierra. Eso fue lo que vino a anunciar Cristo”.

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Cartoon of the day

Tuesday, November 10th, 2009

omabawallstreet

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¿Cómo entender a Ramonet?

Friday, November 6th, 2009

Ignacio Ramonet, otrora editor de Le Monde Diplomatique, propone en la última edición local del pasquín una ocurrencia que, más allá de falsa, demuestra los niveles de negación a los que la izquierda puede llegar en estos días. Digo negación, y no ignorancia, porque los hechos constatan, sin el más mínimo margen de error, que el mundo es hoy palmariamente mejor que en 1989, año de la caída del Muro de Berlín.

Ramonet no es, así parezca, ningún ocioso intelectual. Doctor en Semiología e Historia de la Cultura, su Currículum Vitae sustenta una larga trayectoria intelectual. ¿Cómo entender, entonces, que una persona tan leída sostenga que “el mundo de hoy no es mejor”? ¿Cuáles son los sustentos concretos que acompañan semejante propuesta? Para nuestra tranquilidad, se basa en creencias e ideología; es decir, en nada factual.

Comulgando en la diatriba de una izquierda rezagada cognitivamente, Ramonet habla de una crisis “alimentaria, energética, ecológica y económica”, de un aumento de las desigualdades y de un estancamiento en los niveles de malnutrición, pobreza, analfabetismo y acceso a salud. Habla de ello; empero, sin sustento. ¿Existen, por otro lado, hechos que demuestren la falsedad de lo dicho por Ramonet? Sin duda, y mencionaré algunas cifras: Según el Banco Mundial (BM), en 1981 la pobreza extrema en países subdesarrollados se situaba en 41.9%; para fines del año 2005 la misma se encontraba en 16.1%. Para el economista Surjit Bhalla, el Objetivo de Desarrollo del Milenio del BM (reducir la pobreza extrema a menos del 15% para el 2015) ya se cumplió. Hoy, en términos absolutos, hay 656 millones de pobres menos que en 1981, sólo en países subdesarrollados. En cuanto a desigualdad, según Sala-i-Marti, la distribución económica mundial de la misma se ha desplazado ininterrumpidamente hacia mejores niveles desde 1970; el coeficiente de Gini, para mayor exactitud, se ha reducido de 0.65 a 0.63. Y si a calidad de vida nos referimos, la evidencia es abrumadoramente positiva: tasas de mortalidad infantil reducidas a la mitad, casi 20 años más de expectativa de vida, reducción del 29% al 12% en malnutrición, así como mejores retornos en la productividad agrícola, tecnológica e industrial (Dollar, Goklany, Bhalla y otros). Incluso en variables ambientales, el mundo hoy es mejor (Goklany, 2007). Todo ello desde 1980. ¿Ramonet miente? No lo descarto. Bertrand Russell decía que todo hombre, por donde vaya, está rodeado por una nube de convicciones reconfortantes, que se mueven con él como moscas en un día de verano. Y a las moscas, como sabemos, les encantan los progresistas.

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El Perú de Arana

Monday, November 2nd, 2009

El cura Arana nos ha regalado un road-show mediático -inexplicable dado su peso electoral si no fuera por la ayuda de la progresía- esta semana, y cualquier duda anticipada ha quedado debidamente aclarada: Arana tiene toda la intención de confundir al elector con palabras grandilocuentes y poses de mártir alborotado; felizmente, al menos por esta vez, ya conocemos este ritmo y son.

La cháchara de Arana no es, como él pretende hacer creer, diferente u original. Lo suyo es una mezcla -muy básica- de lo peor del dictador Velasco, del padre Gutiérrez y de los verdes europeos. O sea, que los pobres son pobres por culpa de la opresión imperialista, que el modelo neoliberal sólo beneficia a los ricos, que el “modelo primario-exportador” no ayuda a crear trabajo, y un largo etcétera que sigue el patrón típico del gimoteo izquierdista local. Nada nuevo bajo el sol.

En la página web de su movimiento, para mayor referencia, podemos constatar el tinte de su filosofía política. Es, sin lugar a dudas, un breve panfleto político escrito por alguien que, o bien quiere sorprender al resto vendiéndose como la única escapatoria al sistema imperante, o bien cree que a nuestro electorado le atraen las palabras y argumentos pomposos aun cuando los mismos no dicen, finalmente, nada.

Y esa, conjeturo, será la razón por la cual Arana no pasará de un magro dígito en la contienda electoral. No ofrece, en términos estratégicos, ninguna proposición de valor para sus electores. Más allá de lo errado de su análisis sobre la problemática nacional, su discurso no se diferencia del de la izquierda tradicional, salvo por el tole-tole ambientalista que aún no cala en la masa popular. Es decir, si a Javier Diez Canseco o a Susana Villarán se les ocurriera introducir un par de líneas del rollo ambientalista, a Arana lo dejan sin discurso ipso facto. Y, disculpen mi escepticismo, dudo que dicha “yapa” convierta el 0.5% y 0.3% de las elecciones pasadas en el 25% que se requiere para pasar a la segunda vuelta.

Arana cree que la tendencia regional de virar a la izquierda lo pone a él como favorito a priori; esa lógica obvia lo evidente: el discurso estatista, pro derechos humanos y “justiciero” de Arana -puesto en práctica desde los sesenta hasta los ochenta- ya no toca las fibras del peruano actual, y los resultados del mismo (en comparación del modelo actual) no dejan dudas sobre cuál es más beneficioso.

La izquierda puede, por ello, colgar el cartel de nuevo: “Se busca candidato”

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