¿Perdiendo el paso?
Si tuviésemos que identificar los pilares de un programa sólido de crecimiento sostenido, sin duda apuntaríamos estos tres elementos: una amplia base de libertad económica y comercial, libertades políticas e individuales plenas y -finalmente- una sólida red de instituciones. Estos tres pilares garantizan, en mayor o menor medida, una estructura económica que favorece la competencia, la innovación, la confianza y, por supuesto, la reinversión en el sistema, mejorando a través de ello la productividad y la calidad de vida de las personas.
Empero, ¿cuál es el grado de desarrollo ideal de cada uno de estos tres pilares? ¿Existe una combinación que funcione para todas las economías, o cada una requiere desarrollar sus pilares “a la medida”? ¿Cuál es el proceso de desarrollo? ¿Todos los pilares simultáneamente? ¿O existe un patrón de desarrollo de los mismos? De los distintos estudios sobre crecimiento económico, sabemos que los tres pilares son elementos necesarios; empero, dado que las economías no parten de niveles similares de desarrollo, afectados -por otra parte- de distintas maneras por sus precondiciones naturales (sociales, tecnológicas, educativas y políticas), es bastante claro que deberíamos suponer que, en el caso del recetario del desarrollo, no existe una “talla única”.
Ahora bien, ¿es importante distinguir qué va primero y en qué medida? La historia reciente apunta a que sí. El economista Robert Barro, por ejemplo, estudia la relación existente entre democracia -variable proxy de libertades políticas e individuales- y crecimiento, encontrando una relación no lineal entre las mismas (es decir, en países con bajos niveles de libertad política un incremento marginal en las mismas está asociado a una aceleración en las tasas de crecimiento; empero, a elevados niveles de desarrollo en las libertades políticas, un incremento marginal está asociado a una desaceleración del crecimiento).
¿Cuál es la relación entre reformas económicas -ampliación de las libertades- y desarrollo institucional? ¿En qué medida el avance de las libertades económicas sin un acompañamiento en la calidad de las instituciones no desfavorece el crecimiento por incrementos en la corrupción? Conjeturo, es cierto, que el Perú será un ejemplo de esto último: hemos realizado reformas muy importantes, pero las mismas se podrían estar adelantando a nuestras instituciones, incentivándose con ello el mercantilismo y la corrupción. El mercado asegura intercambios beneficiosos para los agentes involucrados; empero, cuando no existen instituciones que garanticen el debido proceso, el sistema puede ceder frente a los distintos grupos de interés -sean políticos, empresariales o sindicales. Hay que reformar las instituciones con urgencia, antes de que el sistema se afirme en una senda nociva para el largo plazo.

