El lingüista y el capataz
Noam Chomsky, lingüista y reconocido activista de izquierda, agradece -recientemente- al presidente Hugo Chávez por lo emocionado que le resultaba “ver en Venezuela cómo se está construyendo ese otro mundo posible”. ¿Qué significa ese “otro mundo posible”? Dejemos que los resultados, pasados diez años, nos alumbren.
La escasez producida por el control de precios instaurado en la república bolivariana ha saltado de los alimentos básicos -huevos, leche, harina, y otros- a materiales de todo tipo -desde ladrillos hasta tejas- con lo cual se han dado los inevitables altos precios de los mercados negros. Sin embargo, para “el capataz” Hugo Chávez -como bien apoda Carlos Raúl Hernández- los controles sirven para limitar la codicia capitalista. Algo que no soporta la lógica mínima, si uno encuentra dichos controles también en los servicios públicos -teléfono, electricidad y otros. ¿Cuál sería la verdadera razón detrás de los controles? Sencillamente, una inflación galopante.
Con una proyección de 32% de inflación para el 2009, Venezuela lidera la región latinoamericana en irresponsabilidad, tanto fiscal como monetaria. Situación que para un intelectual de peso -como Chomsky- debiera significar una paradoja, toda vez que cada barril de crudo venezolano deja al menos US$40 por barril. Por supuesto, no existe tal paradoja. Luego del despido masivo de 22,000 ejecutivos, geólogos, ingenieros y demás empleados cesados en el 2003, según cifras de Ramón Espinosa -jefe de Estudios Económicos de PDVSA antes del régimen de Chávez- la producción de crudo se redujo de 3 millones de barriles diarios en el 2000 a poco más de dos millones en el 2007, toda una hazaña empresarial.
El petróleo, principal fuente de los ingresos fiscales, soporta no sólo las políticas populistas del megalómano de Barinas, sino también sus incursiones políticas en la región -Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Argentina, Honduras… y, por supuesto, Perú-. Según diversos analistas, dicha farra sólo es sostenible con un barril de crudo por encima de los US$95, lo que explica un déficit fiscal proyectado -para el 2009- del 8%.
Los problemas con el “Showman de Miraflores” no acaban -por supuesto- en lo económico: las cifras por violencia se asemejan a las de cualquier conflicto bélico -154,000 desde 1999, según la Organización Madres por la Vida-; las libertades individuales son recortadas día a día -de las once señales de televisión sólo queda Globovisión-; entre otras calamidades del experimento socialista.
Si este es el “otro mundo posible”, déjennos tranquilos con éste, que aunque malo, es al menos vivible.

