La consecuencia de una ley de salario mínimo no es el aumento del ingreso de los trabajadores menos preparados, sino una reducción de sus oportunidades de empleo.

William Baumol

1989

http://www.institutoaccion.com/2009/08/21/1989/

Después de los sucesos de 1989 –caída del Muro de Berlin, del Bloque Soviético, el Movimiento Solidaridad en Polonia, y la multitudinaria protesta en la Plaza Tiananmen en China- pocos intelectuales y académicos forzaban –o trataban de forzar- las premisas marxistas. 1989 no fue sólo un golpe brutal a la cháchara progresista; golpeó en lo más profundo de la ideología socialista al revelar lo que Von Mises y Hayek, desde distintas premisas, señalaban: el socialismo es un imposible, sea por que sin un sistema de precios no hay forma de identificar los mejores usos de los recursos, o por que el sistema en sí tiende al totalitarismo y –como corolario- a la servidumbre.

Durante los noventas, fue refrescante -y ciertamente positivo- que la gran mayoría de intelectuales y académicos revisarán los supuestos acerca del mercado y el estado. El crecimiento económico desplegado por los asiáticos, con China e India a la cabeza, significó una reducción significativa en los niveles de pobreza y pobreza extrema alrededor del mundo. América Latina y algunos países de Europa del Este confirmaban dicha senda.

Empero, 1989 no sólo significó un punto de partida para el fortalecimiento del sistema capitalista. En Febrero de 1989 se dieron una serie de protestas y disturbios en Venezuela como respuesta a la negativa por parte del mercantilismo empresarial, los sindicatos y los movimientos estudiantiles a las reformas emprendidas por el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. El “caracazo”, hoy sabemos, fue la campanada que alertó al entonces Mayor Hugo Chávez sobre la necesidad de implementar su “revolución socialista”, aquella que venía planeando fríamente –según la minuciosa investigación del historiador y ensayista mejicano Enrique Krauze- desde al menos 1977, cuando ya invocaba al Che Guevara.

Luego del golpe de 1992, y una seguidilla de afortunados –para el Comandante- errores cometidos por la clase política venezolana, Chávez empezó su proyecto político, asesorado por ex-revolucionarios (que luego de presenciar megalomanía del ahora dictador se alejarían tras el intento de reforma constitucional del 2007, que finalmente se aprobaría en el 2009, el cual permite la reelección indefinida del mismo) que llevarían, finalmente, al Comandante al poder por la vía democrática, y no a través del camino de las armas que él ansiaba en un primer momento.

1989 marcó, entonces, la muerte de una versión del socialismo –del tipo soviético-, y el nacimiento de otra –tropicalizada: corrupta, nepotista, mercantilista, populista, pragmática. Veinte años después, la región se debate una vez más entre mercado y estado; interesante que el modelo socialista renazca por personajes y no por virtudes programáticas.