Discursos intrascendentes
Una vez más presenciamos un mensaje presidencial inocuo e intrascendente. Y, una vez más, atestiguamos la misma reacción acalorada e impostada por parte de la izquierda y la derecha sobre lo que se debió haber dicho. Aceptémoslo: ni el mensaje de 28 de julio es tan importante como argumentan, ni debiera serlo. Por eso es que, luego de 10,000 palabras y 85 minutos de lectura, el mensaje sólo sirvió para llenar las portadas del 29, un par de columnas que se pudieron escribir ex-ante, y alguna que otra conversación de café.
Para el peruano de a pie, sospecho, el discurso y los análisis posteriores del mismo no sirven para mucho. Por un lado, porque la estabilidad económica lograda en los últimos diecinueve años deja poco margen para anuncios espectaculares -o dramáticos-, en estricto sentido. Por otro, porque para nadie es un misterio la cercanía del ciclo electoral, las posiciones que ante el mismo se han formado en las salas de prensa, y las tendencias electorales que -como casi siempre- apuntan a un ganador que apele al centro, la concertación y la democracia.
Bajo este aspecto, un discurso presidencial difícilmente será capaz de alterar las posturas de un antisistema, un liberal o un mercantilista. Lo cierto es que tanto los discursos, como las opiniones del mismo, se han convertido más en un ejercicio de exaltación de la figura presidencial, y de la pompa que existe alrededor de la clase política -lo cual incluye, por supuesto, toda esa huachafería congresal que incluye comisiones de invitación y de recepción que emanan un tufo versallesco francamente insoportable-, que en un acto significante de interés por lo público: rendir cuentas, exhibir resultados frente a los objetivos previamente planteados, esbozar nuevos retos, métodos e indicadores de desempeño de los mismos, etc.
En otras palabras, creo que para todos los peruanos el mensaje presidencial sería más relevante si el mismo se diera de manera análoga a una junta anual de accionistas, donde el presidente del directorio explica los avances realizados frente a las propuestas preaprobadas por el directorio en la junta pasada, se verifican los avances, las nuevas tendencias y las nuevas amenazas en el entorno, finalmente planteándose una serie de objetivos medibles, así como responsables de los mismos. En resumen, el discurso presidencial debiera darse bajo una presentación en Power Point, con data exacta, responsabilidades e indicadores sobre las acciones realizadas, y menos de esa caravana de picapica que, finalmente, sirve poco para los accionistas de esta empresa llamada Perú.

