La consecuencia de una ley de salario mínimo no es el aumento del ingreso de los trabajadores menos preparados, sino una reducción de sus oportunidades de empleo.
William Baumol
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Friday, August 28th, 2009
Ardió Troya. El presidente Álvaro Uribe y el Departamento de Estado norteamericano anunciaron la utilización conjunta de siete bases militares colombianas. Inmediatamente, Hugo Chávez, Fidel Castro, Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega comenzaron a chillar. Uribe era un traidor y la presencia militar norteamericana una amenaza para el Continente
Fidel Castro se estrenó como bolerista con una lírica reflexión sobre “siete puñales clavados en el corazón de América”. La pintoresca “banda de los cinco” perteneciente al socialismo del siglo XXI se sentía en peligro. Pero no sólo ellos. Brasil, por medio de su canciller Celso Amorim, más la diplomacia chilena, mostraron su preocupación en primera instancia. Luego la señora Bachelet y Lula da Silva, tras la persuasiva visita de Uribe, fueron más comprensivos. Uribe le había ganado la partida diplomática a Chávez antes de la reunión de Unasur.
Cinismo e hipocresía
La dosis de cinismo e hipocresía que encierra este episodio es copiosa. Nadie pareció preocuparse cuando Chávez, hace unos meses, dijo que pensaba crear 20 bases militares en Bolivia, o más tarde cuando invitó a la armada rusa a recorrer las aguas americanas en maniobras conjuntas con la marinería venezolana. Tampoco sonaron las alarmas con el esfuerzo armamentista del coronel venezolano y su anuncio de crear una milicia de un millón de hombres, o con sus peligrosos pactos con Irán y con Corea del Norte que nada bueno le traerán a la región. Súbitamente, se olvidaron las bases soviéticas en Cuba, entre ellas la mayor del planeta dedicada al espionaje electrónico, y los cuarenta mil militares de ese país que llegaron a residir en la Isla durante los peores momentos de la Guerra fría.
Hay que admitirlo con todo realismo: el antiamericanismo parece ser una pulsión ideológica mucho más fuerte que la preocupación por el destino de una sociedad como la colombiana, amenazada por la peor pandilla de asesinos del mundo. Ningún país latinoamericano jamás le ha ofrecido ayuda a Colombia en su agónica lucha contra los narcoterroristas de las FARC o del ELN. Por el contrario: los documentos ocupados a los cabecillas colombianos muertos en combate o detenidos demuestran la complicidad de los gobiernos de Ecuador, Venezuela y Brasil con las guerrillas comunistas.
Los generales venezolanos Cliver Alcalá y Hugo Carvajal, nada menos que el jefe de inteligencia militar, encabezaban los contactos con las FARC en representación de un Chávez empeñado en otorgarles el carácter de “beligerantes legítimos” a unos delincuentes que viven del narcotráfico y la extorsión. El ex ministro ecuatoriano Gustavo Larrea y el alto funcionario José Ignacio Chauvín, personalidades muy cercanas al presidente Rafael Correa, un gobernante curiosamente convencido de que “no hay nada malo en ser amigos de las FARC”, desempeñaban un papel parecido. Mientras tanto, el brasilero Marco Aurelio García, consejero áulico de Lula da Silva y su hombre de confianza (luego separado del cargo por un episodio de corrupción), también le daba diversas formas de ayuda diplomática y política a la sanguinaria banda armada del desaparecido Tiro Fijo, colega del Partido del Trabajo brasilero en el Foro de Sao Paulo.
Detrás de la alianza
La verdad es que Uribe ha tenido que buscar la solidaridad norteamericana porque sus “hermanos” latinoamericanos se la niegan y sus vecinos intentan hundirlo. Y ni siquiera se trata de una actitud nueva. Hace unos años, en tiempos de Pastrana, cuando Washington y Bogotá anunciaron el Plan Colombia para asistir militarmente al país, los estados limítrofes también protestaron. Les traía sin cuidado que miles de colombianos fueran secuestrados o asesinados por las guerrillas comunistas o por paramilitares. Lo único que parecía preocuparles es que el conflicto se extendiera fuera de las fronteras colombianas, aunque supieran que eso ya había ocurrido, dado que no hay actividad más globalizada que el tráfico de drogas y ésa era la principal fuente de recursos de las FARC, el ELN y de los hoy felizmente desbandados paramilitares.
Por supuesto, estos revitalizados vínculos militares entre Estados Unidos y Colombia no están fundados en la solidaridad moral, sino en una evidente coincidencia de intereses. Para los dos países el narcotráfico es un enemigo formidable. Colombia quiere erradicarlo porque es la savia de la que se nutren las guerrillas narcoterroristas, mientras Estados Unidos, que comenzó su lucha para evitar que millones de drogodependientes norteamericanos tuvieran acceso a estas sustancias, hoy lo combate, fundamentalmente, porque los cárteles de la cocaína ya operan en 209 ciudades norteamericanas y se han convertido en una amenaza para la seguridad del país cien veces mayor que la vieja y familiar mafia siciliana.
A lo que se agrega otro elemento siniestro: existe, además, el riesgo de la proliferación nuclear. Israel lo ha denunciado vigorosamente: la Venezuela de Hugo Chávez, además del antisemitismo que exhibe sin ningún pudor, está colaborando con Irán en el terreno militar de dos maneras muy peligrosas. Le proporciona uranio y adquiere sistemas electrónicos sofisticados que luego transfiere a Irán para la fabricación de misiles capaces de alcanzar a Israel. De acuerdo con el análisis de los servicios israelíes, Irán se está preparando para la guerra y Hugo Chávez es su cómplice más entusiasta. Es obvio que a Estados Unidos le interesa conocer exactamente los pasos que da Venezuela en esa dirección. La desestabilización de esa región del mundo es un tema de seguridad nacional.
El fiasco brasilero
Implícitamente, esta nueva etapa de la alianza entre los dos países también pone en evidencia otro asunto muy importante: se terminó la ilusionada fantasía de que Brasil podía convertirse en una potencia internacional seriamente comprometida con la democracia, la estabilidad regional y el comercio libre.
Brasil, sencillamente, no es un aliado fiable. Objetivamente, está más cerca de las FARC que de Colombia. Respalda a Hugo Chávez sistemáticamente, ignora todos los atropellos cometidos contra la oposición democrática venezolana y es un aliado firme en el campo diplomático de la dictadura cubana. Dejó morir deliberadamente el Tratado de Libre Comercio o ALCA cuando le tocaba impulsarlo. No es capaz de controlar la Triple Frontera, en donde campean a sus anchas terroristas y narcotraficantes de todos los pelajes, y ni siquiera consigue poner orden en sus propias favelas.
Para dolor y desgracia de todos, Brasil sigue siendo un país del Tercer Mundo, cuya cúpula dirigente, al menos mientras gobierne Lula da Silva, pese a la prudencia con que se maneja en los asuntos internos, en el terreno internacional continúa dominada por las disparatadas ideas tercermundistas que en la década de los noventa le llevó a crear el Foro de Sao Paulo junto a Fidel Castro. Tal vez un Brasil diferente, más responsable, coherente y solidario, hubiera hecho innecesaria la presencia norteamericana en Colombia, pero ese Brasil no existe.
Es asombroso que las genuinas democracias latinoamericanas se preocupen por la presencia militar norteamericana en unas bases colombianas, y no adviertan que los dos grandes peligros para la supervivencia de las libertades en el continente surgen del espasmo intervencionista del chavismo y de las bandas de narcotraficantes que operan en el continente, dos fenómenos fuertemente vinculados. Es muy triste que el único aliado real de Colombia sea Estados Unidos, pero así son las cosas. América Latina, sencillamente, es un mundo de gobiernos indefensos incapaces de percibir los peligros que acechan, y mucho menos de formular una estrategia defensiva colectiva. Así nos va.
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Friday, August 28th, 2009
Noam Chomsky, lingüista y reconocido activista de izquierda, agradece -recientemente- al presidente Hugo Chávez por lo emocionado que le resultaba “ver en Venezuela cómo se está construyendo ese otro mundo posible”. ¿Qué significa ese “otro mundo posible”? Dejemos que los resultados, pasados diez años, nos alumbren.
La escasez producida por el control de precios instaurado en la república bolivariana ha saltado de los alimentos básicos -huevos, leche, harina, y otros- a materiales de todo tipo -desde ladrillos hasta tejas- con lo cual se han dado los inevitables altos precios de los mercados negros. Sin embargo, para “el capataz” Hugo Chávez -como bien apoda Carlos Raúl Hernández- los controles sirven para limitar la codicia capitalista. Algo que no soporta la lógica mínima, si uno encuentra dichos controles también en los servicios públicos -teléfono, electricidad y otros. ¿Cuál sería la verdadera razón detrás de los controles? Sencillamente, una inflación galopante.
Con una proyección de 32% de inflación para el 2009, Venezuela lidera la región latinoamericana en irresponsabilidad, tanto fiscal como monetaria. Situación que para un intelectual de peso -como Chomsky- debiera significar una paradoja, toda vez que cada barril de crudo venezolano deja al menos US$40 por barril. Por supuesto, no existe tal paradoja. Luego del despido masivo de 22,000 ejecutivos, geólogos, ingenieros y demás empleados cesados en el 2003, según cifras de Ramón Espinosa -jefe de Estudios Económicos de PDVSA antes del régimen de Chávez- la producción de crudo se redujo de 3 millones de barriles diarios en el 2000 a poco más de dos millones en el 2007, toda una hazaña empresarial.
El petróleo, principal fuente de los ingresos fiscales, soporta no sólo las políticas populistas del megalómano de Barinas, sino también sus incursiones políticas en la región -Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Argentina, Honduras… y, por supuesto, Perú-. Según diversos analistas, dicha farra sólo es sostenible con un barril de crudo por encima de los US$95, lo que explica un déficit fiscal proyectado -para el 2009- del 8%.
Los problemas con el “Showman de Miraflores” no acaban -por supuesto- en lo económico: las cifras por violencia se asemejan a las de cualquier conflicto bélico -154,000 desde 1999, según la Organización Madres por la Vida-; las libertades individuales son recortadas día a día -de las once señales de televisión sólo queda Globovisión-; entre otras calamidades del experimento socialista.
Si este es el “otro mundo posible”, déjennos tranquilos con éste, que aunque malo, es al menos vivible.
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Friday, August 28th, 2009
La semana pasada, Hugo Chávez se tomó un descanso en la campaña de lobby que sigue en Washington a favor del depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, para viajar a Quito a una cumbre de jefes de Estado de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
Allí, Chávez lanzó una dura crítica contra las fuerzas armadas de Estados Unidos, reiteró su compromiso para expandir la revolución en la región y amenazó al continente con la guerra. Zelaya estaba a su lado.
La diatriba del venezolano contra EE.UU. y su aliado Colombia planteó la pregunta, una vez más, de qué podría estar pensando Washington para presionar a Honduras para que reinstituya a Zelaya. En junio, Zelaya fue depuesto de su cargo por el Congreso hondureño por violar la Constitución del país e incitar a la violencia de forma deliberada.
Esa no fue, sin embargo, la única razón que lo hizo impopular en su país. También se había convertido en un importante aliado de Chávez y era bastante obvio que estaba siendo entrenado para copiar la toma de poder de éste en Venezuela al socavar el equilibrio de poderes institucionales de Honduras.
Si Honduras ha sido capaz de neutralizar a Chávez, eso es algo para celebrar. Un control de instituciones al estilo de Chávez en Bolivia, Ecuador y Nicaragua ha sofocado el pluralismo político, la libertad de expresión y los derechos de las minorías en esos países. Actualmente hay una gran presencia del servicio de inteligencia cubano a lo largo del imperio venezolano. Zelaya se ha convertido, literalmente, en un acompañante de viaje de Chávez, lo que no deja dudas sobre el curso en el que pondría a Honduras si le dieran la oportunidad.
Entre las teorías que se rumorean sobre las motivaciones del presidente de EE.UU., Barack Obama, en su intento por forzar a Honduras a restituir a Zelaya, hay una hipótesis de que el gobierno estadounidense se está inclinando fuertemente hacia la izquierda. Obama ha expresado las mismas opiniones sobre Honduras que el senador demócrata John Kerry, quien sostiene que el gobierno interino debe ser obligado a restituir a Zelaya y que, durante más de dos décadas, constantemente se ha aliado a causas socialistas en América Latina.
Como senador, Kerry se da el lujo de tratar a Latinoamérica como su patio de juegos, como han hecho los demócratas durante décadas, imponiéndole ideas que los estadounidenses rechazan. Los venezolanos todavía recuerdan cómo el senador Chris Dodd, de Connecticut, jugó el papel de principal porrista de Chávez en el Senado mientras el caudillo consolidaba su poder.
No obstante, Obama es el presidente y comandante en jefe de EE.UU., y millones de personas en el hemisferio están contando en él para que le haga frente a la agresión de Venezuela. Juguetear con los pies bajo la mesa con Chávez con respecto a Honduras mientras el presidente venezolano amenaza la paz en el continente no va a ser bien recibido en un hemisferio que prefiere la libertad sobre la tiranía.
Tanto las autoridades de Colombia como las de EE.UU. afirman que la Guardia Nacional de Venezuela y altos funcionarios del gobierno de Chávez son cómplices en empresas criminales que trafican drogas en Sudamérica. La evidencia sugiere una alianza entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el mayor exportador de cocaína de ese país, y miembros del gabinete de Chávez. También hay evidencia en documentos y videos filmados por las FARC de que los guerrilleros tienen influencia en los altos estratos del gobierno ecuatoriano.
El negocio de la cocaína de las FARC es una fuente de ingresos para la organización terrorista y para Venezuela. Esta es la razón por la cual el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, ha acordado permitir que aviones de vigilancia contra la droga usen bases militares colombianas.
En Quito, Chávez expresó ira sobre el acuerdo. “Los gobiernos más guerreristas del mundo de hoy y del siglo XX… (incluyen a) Estados Unidos”, les dijo a sus pares sudamericanos y a Zelaya. “Los militares yanquis, esos no le hacen caso a presidente”, afirmó, eximiendo astutamente a Obama de toda culpa. “Tienen inmunidad además. En Colombia tienen inmunidad. Pueden violar mujeres, pueden matar, pueden arrasar para todos lados. No se les puede hacer nada. Es una cosa horrible”.
El acuerdo, que fue cerrado durante el fin de semana, es por supuesto mucho más limitado de lo que afirmó Chávez. Pero el líder venezolano no iba a dejar pasar una oportunidad para aumentar la tensión. “Vientos de guerra comienzan a soplar”, advirtió.
Sus pares no se lo tragaron. Colombia no fue condenado en Quito, en gran parte porque ningún miembro del grupo quería que sus propias decisiones soberanas estuvieran sujetas a la evaluación continental. Pero Chávez no se replegará. Él ha prometido continuar los esfuerzos para desestabilizar las democracias sobrevivientes. Honduras sigue siendo un blanco. Argentina también está en su mira. En una entrevista con el diario La Nación de Argentina, habló de su alianza con su presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. “Vamos a trabajar por reforzar el eje Caracas-Buenos Aires, que es un eje central”, señaló Chávez. “Como el eje Caracas-Quito, el eje Caracas-Buenos Aires es fundamental para la integración”.
La guerra de EE.UU. contra las drogas ha sido un colosal fracaso debido al gran mercado de cocaína en el país. La tragedia, más allá de la violencia que genera, es que las empresas criminales, que prosperan gracias a los clientes estadounidenses, hacen estragos en instituciones frágiles. Eso, de por sí, es malo. Pero el gobierno de Obama echa sal en la herida al rehusarse a apoyar el Tratado de Libre Comercio entre EE.UU. y Colombia que nuestro aliado ha solicitado y, ahora, al respaldar al peón hondureño de Chávez.
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Friday, August 28th, 2009
Lo que Chávez acaba de hacer al entregar por ley la educación venezolana al “Estado docente” para que este forme al “hombre nuevo de la sociedad socialista”, podrá ser muchas cosas, pero es un paso impecablemente lógico.
Si uno pretende que el Estado sea quien controle la economía (es decir, la circulación de los bienes y servicios que producimos y usamos todos) de modo que cree por medio de este control una sociedad igualitaria, entonces el Estado tendrá que apropiarse de lo que normalmente es de los individuos hasta niveles que estos no tolerarían jamás de manera natural (esto es, sin haber sido antes moldeados para aceptarlo).
Porque puede ser que las expropiaciones comiencen siempre con los grandes capitales y empresas, pero para que el Gobierno realmente pueda crear una igualdad económica más o menos significativa, tienen que seguir hasta llegar a bienes tan claves como el trabajo y las habilidades individuales, que solo podrán valer lo que el Estado diga. Y esta es una amputación demasiado personal y abarcadora de todas las clases sociales como para que las personas la acepten si no están convencidas de que contribuyen así a un fin tan superior y trascendente como crear “el hombre nuevo”. Convencimiento al que, naturalmente, no se llega sin que desde niño todos tu estímulos educativos se orienten a crearte una conciencia acrítica y comprometida con el sistema y con la ubicua foto desde la que mira tu infancia Fidel, el Che, Chávez o el mesías social de tu localidad.
De las expropiaciones y los controles económicos (es decir, de la intervención al nivel de los bienes) a la “educación revolucionaria” (a la intervención en las mentes) hay, entonces, solución de continuidad. Por eso todos los gobiernos marxistas comienzan (supuestamente) queriendo cambiar el sistema para servir a las personas e invariablemente terminan queriendo cambiar a las personas para mantener al sistema.
Aunque tal vez haya algo más. Después de todo, si el sistema rindiese los frutos prometidos, aunque fuese solo algún nivel imperfecto de igualdad con bienestar, no necesitaría expropiar también la conciencia crítica ciudadana.
Si efectivamente los únicos perdedores fuesen los ricos no habría porque restringir la libertad de prensa (que también ataca la aludida ley de educación) ni la capacidad de pensar libremente: las grandes mayorías apoyarían “la revolución” igual.
Bien vistas las cosas, pues, los controles al pensamiento y su expresión siempre revelan rabo de paja y los de Chávez no son excepción. Lo que quiere es callar para el futuro de su revolución las críticas que hoy la abruman ante el creciente descalabro económico. Pero su maniobra se pierde por obvia: no creo que nadie deje de notar que, para decirlo parafraseando a Calvino, lobotomizar no es contestar.
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Friday, August 21st, 2009
Después de los sucesos de 1989 –caída del Muro de Berlin, del Bloque Soviético, el Movimiento Solidaridad en Polonia, y la multitudinaria protesta en la Plaza Tiananmen en China- pocos intelectuales y académicos forzaban –o trataban de forzar- las premisas marxistas. 1989 no fue sólo un golpe brutal a la cháchara progresista; golpeó en lo más profundo de la ideología socialista al revelar lo que Von Mises y Hayek, desde distintas premisas, señalaban: el socialismo es un imposible, sea por que sin un sistema de precios no hay forma de identificar los mejores usos de los recursos, o por que el sistema en sí tiende al totalitarismo y –como corolario- a la servidumbre.
Durante los noventas, fue refrescante -y ciertamente positivo- que la gran mayoría de intelectuales y académicos revisarán los supuestos acerca del mercado y el estado. El crecimiento económico desplegado por los asiáticos, con China e India a la cabeza, significó una reducción significativa en los niveles de pobreza y pobreza extrema alrededor del mundo. América Latina y algunos países de Europa del Este confirmaban dicha senda.
Empero, 1989 no sólo significó un punto de partida para el fortalecimiento del sistema capitalista. En Febrero de 1989 se dieron una serie de protestas y disturbios en Venezuela como respuesta a la negativa por parte del mercantilismo empresarial, los sindicatos y los movimientos estudiantiles a las reformas emprendidas por el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. El “caracazo”, hoy sabemos, fue la campanada que alertó al entonces Mayor Hugo Chávez sobre la necesidad de implementar su “revolución socialista”, aquella que venía planeando fríamente –según la minuciosa investigación del historiador y ensayista mejicano Enrique Krauze- desde al menos 1977, cuando ya invocaba al Che Guevara.
Luego del golpe de 1992, y una seguidilla de afortunados –para el Comandante- errores cometidos por la clase política venezolana, Chávez empezó su proyecto político, asesorado por ex-revolucionarios (que luego de presenciar megalomanía del ahora dictador se alejarían tras el intento de reforma constitucional del 2007, que finalmente se aprobaría en el 2009, el cual permite la reelección indefinida del mismo) que llevarían, finalmente, al Comandante al poder por la vía democrática, y no a través del camino de las armas que él ansiaba en un primer momento.
1989 marcó, entonces, la muerte de una versión del socialismo –del tipo soviético-, y el nacimiento de otra –tropicalizada: corrupta, nepotista, mercantilista, populista, pragmática. Veinte años después, la región se debate una vez más entre mercado y estado; interesante que el modelo socialista renazca por personajes y no por virtudes programáticas.
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Friday, August 21st, 2009
En Honduras se debaten dos posibilidades, seguir el camino de la de la libertad o el de la servidumbre. El llamado golpe de Estado que removió al Presidente Manuel Zelaya del poder ha provocado distintas reacciones dentro y fuera de la región.
La pregunta fundamental es, ¿Lo que ocurrió en Honduras fue realmente un golpe de Estado o una destitución? Cuando un ciudadano incumple la ley debe asumir las consecuencias. El Presidente de Honduras Manuel Zelaya no cumplió con lo que estipula la Carta Magna de su país y por ello fue destituido de su cargo.
El período presidencial de Zelaya debería haber terminado en febrero del 2010 sin derecho a reelección. El error del presidente fue caer en la tentación de cambiar el rumbo de su país hacia el socialismo del siglo XXI que promueve su amigo y aliado Hugo Chávez. Para lograr su objetivo el Presidente Zelaya violó varias normas y consideró que un plebiscito era el primer paso para modificar los límites al período presidencial y así perpetuarse en el poder.
Estos son algunos artículos de la Constitución de Honduras que demuestran claramente la violación cometida por Manuel Zelaya:
Artículo 42: La calidad de ciudadano se pierde: Por incitar, promover o apoyar el continuismo o la reelección del presidente de la República.
Artículo 239: El ciudadano que haya desempeñado la titularidad del Poder Ejecutivo no podrá ser presidente o Designado. El que quebrante esta disposición o proponga su reforma, así como aquellos que lo apoyen directa o indirectamente, cesarán de inmediato en el desempeño de sus respectivos cargos, y quedarán inhabilitados por diez años para el ejercicio de toda función pública.
Artículo 272. Las Fuerzas Armadas de Honduras son una Institución Nacional de carácter permanente, esencialmente profesional, apolítica, obediente y no deliberante. Se constituyen para defender la integridad territorial y la soberanía de la República, mantener la paz, el orden público y el imperio de la Constitución, los principios de libre sufragio y la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República.
El riesgo y el costo de aceptar una violación como la que cometió el presidente hondureño son muy altos pues dan una señal a muchos otros gobernantes de América Latina y de otros países, que no pasa nada si se incumple la ley. Es por ello que en el cumplimiento de su deber, las Fuerzas Armadas de Honduras hicieron lo que tenían que hacer para salvaguardar la integridad de las instituciones democráticas, sacar al Presidente.
Es lamentable que muchos países y organismos internacionales den la espalda a los ciudadanos de Honduras. Estados Unidos, la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Fondo Monetario Internacional, sólo por mencionar algunos, han reiterado su respaldo a Manuel Zelaya.
Desafortunadamente, México no fue la excepción. El Presidente Felipe Calderón cometió un grave error al apoyar el regreso de Zelaya al poder. Al hacerlo, dejó de lado la defensa de principios tan fundamentales como el respeto al Estado de Derecho y a las instituciones democráticas. Apoyar a un hombre sin principios le trajo consecuencias. Apenas hace una semana, Patricia Espinosa, Secretaria de Relaciones Exteriores, declaró que México se manifestaba a favor de que el Presidente Zelaya regresara a gobernar su país. Días después, el líder exiliado llegó a México y en su visita dejó claro que no solamente traiciona los principios que decía defender al inicio de su mandato sino que también traiciona a sus “amigos”.
En un acto frente a simpatizantes del ex candidato a la presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador, Manuel Zelaya dijo que era mejor sentirse presidente que serlo, ofendiendo directamente al Presidente Calderón en clara alusión a López Obrador quien se autoproclama “Presidente legítimo”.
Muy molesto por este acontecimiento, el Presidente Calderón ordenó al Estado Mayor Presidencial que trasladara a Zelaya de inmediato al Hangar Presidencial para salir del país. Parte de la orden fue que no tuviera ningún contacto con medios de comunicación. Legisladores mexicanos se manifestaron en contra de Manuel Zelaya y lo calificaron de traidor, no es para menos. El señor traicionó a quien le abrió la puerta y le dio la mano.
A la luz de todo esto es necesario rescatar varias lecciones. Primero hay que aprender a asumir las consecuencias de las decisiones que tomamos. Tanto el Presidente Calderón como los mexicanos y latinoamericanos debemos aprender que para vivir mejor y alcanzar la prosperidad necesitamos tener principios y no dejarlos de lado cuando parece que “estorban” porque es “políticamente correcto” apoyar a quien todos apoyan.
Es necesario ser congruentes y eso significa que debe haber una relación entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Esto hay que recordarlo todos los días de manera personal y también decirlo a nuestros servidores públicos.
Apoyar a una persona que viola principios o leyes o lo que sea, nunca puede tener consecuencias positivas. Si Zelaya fue capaz de traicionar a sus ciudadanos al violar su propia Constitución no se puede esperar nada de él.
La convivencia pacífica en sociedad sólo es posible si se respeta la ley. El Estado de Derecho es fundamental para salvaguardar los derechos de todos los ciudadanos. El respeto a las instituciones y a la democracia es indispensable para mantener la estabilidad política y la paz social. Ojalá que Honduras regrese a ese camino que es el de la libertad pues la historia ha demostrado que el camino de servidumbre ha fracasado.
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Friday, August 14th, 2009
La crisis económica iniciada el 2008 ha desatado un intenso debate en las esferas de la opinión pública, la academia y la política pública. La Escuela Económica Austriaca ofrece una interpretación comprensiva sobre las causas de la actual crisis; a la vez, permite evaluar la idoneidad de las respuestas de política pública frente a la misma. En el presente documento se expone la Teoría Austriaca de los Ciclos Económicos, se demuestra cómo las características del actual episodio recesivo coinciden con las implicancias de este marco teórico, se discuten las políticas públicas puestas en práctica, y se formulan soluciones óptimas –dentro del marco teórico– a la misma. Se concluye considerando que, más que un resultado de la inacción estatal, la crisis es el resultado de una artificial expansión crediticia propiciada desde la intervención estatal.
Teoría Austriaca de los ciclos económicos y crisis financiera
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Monday, August 10th, 2009
Además de aburrido y trivial, el mensaje presidencial -del 28 de julio- olvidó un aspecto crucial para concentrarnos en el desarrollo local; me refiero a cómo mejorar nuestra competitividad con miras a una mayor integración en el mercado global. Salvo el ministro Carranza -quien ha ofrecido llevar al Perú a los primeros 25 puestos del ranking Doing Business del Banco Mundial para el 2012-, no existen tampoco muchos en el Ejecutivo y Legislativo -menos aún en la prensa- que reconozcan la importancia de dicha oferta.
Si lo que deseamos es una mejora sistemática en los ingresos per cápita promedio, sería necesario empezar por analizar la descomposición del producto bruto total, así como la incidencia de las mejoras en productividad que sustentan dicha composición. Tomando como base de análisis los últimos cinco años (2004-2008), el PBI peruano se descompone básicamente de la siguiente manera: cerca del 60% del mismo se concentra en sectores no transables (Servicios 38%, Comercio 14% y Construcción 5%); Agropecuario, Pesca y Minería sólo conforman el 15% del mismo. En otras palabras, el Perú es otro ejemplo -en la historia del crecimiento económico- que evidencia cómo el desarrollo implica la transformación de la economía de una de sobrevivencia -agricultura, pesca, ganadería y minería, principalmente- a una basada en intangibles -comercio, servicios y otros que implican más conocimiento que bienes.
Ahora, una cosa es composición de la producción y otra es en qué sectores se basa el crecimiento -lo cual afecta la composición de la producción en el largo plazo. Analizando la composición de la variación real del PBI local, podemos apreciar que son los sectores no transables los que explican -cerca del 61% de cada punto de crecimiento del PBI- el crecimiento económico del último lustro.
Es necesario fortalecer la competitividad local, qué duda cabe; empero, aquellas mejoras en los sectores no transables serán más beneficiosas para la población de menores recursos, dado que la formación de capital humano requerida para el sector servicios es menor a la necesaria en el sector manufactura; además, las habilidades requeridas en el primer sector son fácilmente obtenibles in situ.
A fin de mejorar rápidamente la productividad de los sectores no transables, hay que enfocarse en facilitar la transferencia de los factores de producción involucrados de los menos eficientes a los que mejor uso de los mismos demuestren. Como bien dice el economista Baumol: “Al final, la productividad es todo”.
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Wednesday, August 5th, 2009
Hasta hace poco Hugo Chávez hacía malabarismos para aparentar que su gobierno era democrático. Pero ya se ha ido quitando la careta de demócrata y exhibe, cada vez con mayor descaro, su vocación totalitaria. Ni Chávez ni sus subalternos ocultan que han metido al país en un berenjenal comunista, a pesar de que más de 80% de los venezolanos rechazan ese sistema.
Uno de los últimos vestigios de democracia que quedan en Venezuela es que el mandatario fue electo por votación popular. Pero eso también será historia cuando se promulgue la Ley Electoral propuesta por la Asamblea Nacional, a espaldas de la población. Esa ley viola la Constitución para imponer un sistema electoral que facilitará que el gobierno de Chávez no pierda espacio en ninguna futura elección popular, especialmente al Congreso, y que el mandatario gane en cuanta reelección a la presidencia se quiera postular.
La renovada avanzada comunista incluye desde la pretensión de abolir la propiedad privada en aras de una “propiedad social”, el anuncio del ministro de Comercio —Eduardo Samán— de imponer el marxismo con un nuevo sistema “socialista” de comercio que incluye el monopolio estatal de las importaciones de alimentos básicos, hasta el adoctrinamiento marxista de niños y jóvenes bajo una nueva Ley de Educación.
Otra clara evidencia de que el gobierno venezolano no está interesado en seguir aparentando ser una democracia es la explícita proclama de Rafael Ramírez, ministro de Energía y Petróleo, presidente de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), de que el gobierno sólo reconoce y negocia contratos colectivos con los sindicatos oficialistas, segregando y discriminando ilegalmente contra líderes legítimos, escogidos por los trabajadores.
Incluso quiere reservar todo el espacio de la radio y televisión a la gritería de Chávez y a su proyecto político. Por ello las amenazas de cierre a Globovisión, el anuncio de quitarles la concesión a unas 285 emisoras de radio y televisión, el proyecto de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) para prohibir que los canales de televisión por cable tengan propaganda, así como las propuestas de reformas y nuevas leyes que se preparan para imponer una mordaza definitiva a la libertad de información.
Los torpes atropellos contra Globovisión han dejado al descubierto el grado de servidumbre y putrefacción con que funciona ahora el Sistema Judicial. Como punta del iceberg surgió la denuncia de la juez 13ª de Control, Alicia Torres, sobre las presiones recibidas de la presidente del Circuito Judicial para que firmara la prohibición de salida del país al empresario Guillermo Zuloaga, presidente de Globovisión. Tras su denuncia, la juez fue destituida en menos de 48 horas, sin base legal alguna.
Para colmo, Hugo Chávez ahora salta las fronteras con su descarada intromisión en los asuntos internos de Honduras, pretendiendo imponer a su acólito Manuel Zelaya, quien violando la constitución pretendía también gobernar eternamente en ese país.
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Monday, August 3rd, 2009
Una vez más presenciamos un mensaje presidencial inocuo e intrascendente. Y, una vez más, atestiguamos la misma reacción acalorada e impostada por parte de la izquierda y la derecha sobre lo que se debió haber dicho. Aceptémoslo: ni el mensaje de 28 de julio es tan importante como argumentan, ni debiera serlo. Por eso es que, luego de 10,000 palabras y 85 minutos de lectura, el mensaje sólo sirvió para llenar las portadas del 29, un par de columnas que se pudieron escribir ex-ante, y alguna que otra conversación de café.
Para el peruano de a pie, sospecho, el discurso y los análisis posteriores del mismo no sirven para mucho. Por un lado, porque la estabilidad económica lograda en los últimos diecinueve años deja poco margen para anuncios espectaculares -o dramáticos-, en estricto sentido. Por otro, porque para nadie es un misterio la cercanía del ciclo electoral, las posiciones que ante el mismo se han formado en las salas de prensa, y las tendencias electorales que -como casi siempre- apuntan a un ganador que apele al centro, la concertación y la democracia.
Bajo este aspecto, un discurso presidencial difícilmente será capaz de alterar las posturas de un antisistema, un liberal o un mercantilista. Lo cierto es que tanto los discursos, como las opiniones del mismo, se han convertido más en un ejercicio de exaltación de la figura presidencial, y de la pompa que existe alrededor de la clase política -lo cual incluye, por supuesto, toda esa huachafería congresal que incluye comisiones de invitación y de recepción que emanan un tufo versallesco francamente insoportable-, que en un acto significante de interés por lo público: rendir cuentas, exhibir resultados frente a los objetivos previamente planteados, esbozar nuevos retos, métodos e indicadores de desempeño de los mismos, etc.
En otras palabras, creo que para todos los peruanos el mensaje presidencial sería más relevante si el mismo se diera de manera análoga a una junta anual de accionistas, donde el presidente del directorio explica los avances realizados frente a las propuestas preaprobadas por el directorio en la junta pasada, se verifican los avances, las nuevas tendencias y las nuevas amenazas en el entorno, finalmente planteándose una serie de objetivos medibles, así como responsables de los mismos. En resumen, el discurso presidencial debiera darse bajo una presentación en Power Point, con data exacta, responsabilidades e indicadores sobre las acciones realizadas, y menos de esa caravana de picapica que, finalmente, sirve poco para los accionistas de esta empresa llamada Perú.
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