El ignorante y la “voz autorizada”
Enternece leer a nuestros regresistas. Si no es una oda antiimperialista (por si acaso, ya cayó el Muro de Berlín… y no, no fue una producción hollywoodense), o una frontal denuncia contra cualquier formación de riqueza -más allá de lo que ellos consideran “adecuado”-, es una apología sobre algún desatino estatal basado en una opinión falaz o parcializada.
En reciente columna, uno de los regresistas locales sustentaba su diatriba en las opiniones del Nobel Paul Krugman, experto y propulsor de la apertura comercial indiscriminada -incluso de manera unilateral-, empero, desacertado macroeconomista en la opinión de los más desatacados en dicha área (Mankiw, Barro, Blanchard y un largo etcétera de especialistas le han solicitado que se inhiba de opinar en temas que, al menos para ellos, claramente desconoce).
La última de esta “voz autorizada” -en dixit de nuestro afable regresista- es sostener que se requiere ipso facto de un nuevo estímulo fiscal. En resumen, que los trillones de dólares ya inyectados a la economía vía la adquisición de empresas virtualmente quebradas, el auspicio de salvatajes empresariales masivos y la impenitente manía de seguir fomentando el crédito hacia actividades inherentemente riesgosas, no han sido suficientes.
Tal vez sea una sorpresa para nuestros regresistas, pero sería bueno que reconsideren esto de estar usando a parrilleros para hacer cebiches. Me explico: cuando ya estábamos saliendo de la crisis del 2001, producto de la malsana política expansiva que hoy continúan proponiendo, la “voz autorizada” sugería al entonces presidente de la Reserva Federal estadounidense “crear una burbuja inmobiliaria”. No, aunque parezca, no es una broma. Para mayores detalles, transcribo el texto que Krugman escribiera, en el 2002, en su columna de The New York Times: “Para combatir esta recesión, la Fed necesita contestar con mayor brusquedad; hace falta incrementar el gasto familiar para compensar la languideciente inversión empresarial. Y para hacerlo, Alan Greenspan tiene que crear una burbuja inmobiliaria para reemplazar la burbuja del Nasdaq”. ¿Suena familiar?
Pero esa no es la más desafortunada consideración del Nobel: “Los tipos de interés a largo plazo no han caído lo suficiente como para provocar un boom en el mercado de la vivienda” (agosto, 2001); “Los consumidores, que tienen escaso ahorro y endeudamiento elevado, probablemente no pueden contribuir mucho. Pero la vivienda, que es muy sensible a los tipos de interés, podría ayudar a generar una recuperación” (agosto, 2001); “Los tipos de interés bajos, que promueven el gasto en vivienda y otros bienes duraderos, son las principales respuestas a la crisis” (octubre, 2001).
Y después se molestan cuando los llamamos ignorantes.

