La consecuencia de una ley de salario mínimo no es el aumento del ingreso de los trabajadores menos preparados, sino una reducción de sus oportunidades de empleo.

William Baumol

Frente a la Crisis

http://www.institutoaccion.com/2008/11/28/frente-a-la-crisis/

Razones, no emociones. La actual crisis económica, aún en desarrollo y con visos de convertirse en depresión, requiere de soluciones que trasciendan lo popular.

Como bien explica la Escuela Austriaca de Economía, los ciclos económicos son una consecuencia no intencionada de la intervención gubernamental -vía la expansión crediticia a través de la reducción de la tasa de interés, sumada a una excesiva emisión monetaria- en la economía. Dicha intervención estimula artificialmente la inversión; luego, eventualmente, los recursos escasean, provocándose así la crisis. En un análisis riguroso, son las políticas estatistas las causales de la crisis en la que nos encontramos.

Por ello, la Escuela -en contraposición a las opiniones establecidas- es renuente de los periodos de boom, no sólo de los de crisis; entendemos la crisis como un subproducto inevitable de los booms artificiales.

La única solución a la crisis que enfrentamos es el progreso a un estricto sistema de laissez-faire. Son los contribuyentes a quienes hay que rescatar financieramente. Para ello, hay que permitir que los precios retornen a sus niveles reales -partiendo por las tasas de interés-, dejando de hiperinflar la economía, cortando el gasto innecesario y los impuestos, retornando a un sistema de moneda basado en valor y no fiduciario como el que tenemos; en otras palabras, dejando a la economía y a los individuos en paz.

Lamentablemente, los gobiernos -partiendo por el norteamericano- han optado por hacer todo lo contrario. En su libro La Gran Depresión, Murray Rothbard lista 6 medidas a través de las cuales el Estado puede retardar los ajustes del mercado: prevenir las liquidaciones, inflar aún más la masa monetaria, mantener los precios y los salarios altos, estimular el consumo y desincentivar el ahorro, entre otros. Como sabemos, ésta es la gran receta keynesiana poniéndose en marcha.

Por lo pronto, sabemos que los mercados no han reaccionado al estímulo fiscal y monetario. Si alguna lección dejó la Gran Depresión de 1929, es que dichos estímulos prolongarán la crisis antes de atenuarla.

Localmente, el ministro de Economía ha planteado la sensata idea de recortar impuestos -IGV, ITAN, y a las ganancias de capital- demostrando un notable desprendimiento del pensamiento popular y errado que nos rodea. Ideal sería apuntalar dichas medidas con reformas laborales e institucionales que permitan retornar a un ratio adecuado de inversión, ahorro y consumo.

Creer que exacerbando los mercados con moneda, crédito y regulaciones se resolverán los problemas producidos por los excesos de moneda, crédito y regulaciones es tan patético como pretender aplacar una fogata con gasolina.