La consecuencia de una ley de salario mínimo no es el aumento del ingreso de los trabajadores menos preparados, sino una reducción de sus oportunidades de empleo.

William Baumol

Contra la Pobreza, Mayores Reformas

http://www.institutoaccion.com/2008/06/19/contra-la-pobreza-mayores-reformas/

Parece curioso, incluso sorprendente, la postura de ciertos analistas, intelectuales y periodistas respecto del actual crecimiento económico y la resultante reducción de la pobreza. No sé si por ignorancia, o por intereses personales, lo cierto es que la candidez de algunas reflexiones deja mucho a la imaginación y poco a la rigurosidad que el tema merece.

Habría que partir por aclarar que la pobreza existente no es un fenómeno reciente, mucho menos el resultado de las reformas implantadas recientemente. Linda con la inmoralidad que los defensores de las prácticas estatistas, intervencionistas, populistas y militaristas de los sesenta, setenta y ochenta vengan hoy a rasgarse las vestiduras, autoproclamándose como los grandes defensores de los pobres cuando fueron justamente sus propuestas las que los pusieron en dicha situación.

Ahora, vuelven con el tole-tole de sus demandas por mayor Estado y mayor expropiación, so pretexto siempre de mayores redistribuciones, obviando el elemental análisis de los incentivos creados a partir de ello, así como la mugrienta corruptela que se crea alrededor de dichos programas.

Identificando entonces causas equivocadas, y clamando por mayores prácticas empobrecedoras, hoy nos inundan con macabras predicciones respecto del crecimiento económico, tildando al mismo de injusto, insostenible, e inmoral, buscando siempre la vuelta al modelo velasquista que ellos defendieron.

En otras palabras, estamos frente al peligro de una vuelta brusca a la catastrófica revolución bolivariana. Hoy, más que en el 2006, corremos el riesgo de una crisis mayúscula. Esta pléyade de neovelasquistas disfrazados de nacionalismo y socialismo es consciente de lo que está en juego: De seguir el crecimiento al ritmo actual, el caudal electoral afín a sus ideales será cada día menos relevante.

Para ellos, es ahora o nunca. De ahí las revueltas, los paros, las anticumbres y los demás berrinches anticapitalistas.

Tengamos mucho cuidado; efectivamente, el crecimiento económico no lo es todo, pero es un comienzo para los cambios que el país requiere. Y dicho crecimiento no es ni inevitable, ni producto del azar o beneficio del misticismo. Es producto de políticas direccionadas a las mejoras en la productividad, en los incentivos al ahorro y la inversión. No caigamos en el juego de los reaccionarios. Mayor crecimiento significa mayor número de peruanos con ingresos, ahorros e inversión en juego, y -por ello- menores posibilidades de querer patear el tablero con algún remedo chavista. No sólo debemos defender lo avanzado, debemos exigir mayores reformas que permiten subir la valla del crecimiento y el desarrollo: sólo así reduciremos la pobreza y, con ello, el electorado contracorriente.