Los Caballos de Troya del Comunismo: El Caso de Costa Rica
“El Gobierno de Cuba otorgó 47 nuevas plazas a jóvenes costarricenses para cursar estudios en universidades de ese país. Entre los cupos figuran 40 para la carrera de medicina en la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, 4 para la Licenciatura en Deportes en la Escuela Internacional de Educación Física y Deportes, una para Ingeniería Mecánica, una para Ingeniería Física y una para Ciencias de la Computación. Usted puede obtener más información en el Consulado y en su página en Internet: www.consulcubacr.com. Redacción”.
Esta información la publica el diario costarricense La Nación este 15 de enero en la sección “Breves País”. Esto debe hacernos pensar en una de las formas de llenar el “Caballo de Troya” del comunismo. Atraer jóvenes estudiantes y devolver profesionales incondicionales para promocionar y trasladar el “virus” de la revolución a otros países. Enviar “brigadas” de “buena voluntad” de médicos y maestros “a curar y educar” a la población.
¿Estaremos pecando de ingenuos o de indiferencia? ¿Traerá esto graves consecuencias para el sistema democrático y la libertad en Costa Rica y otros países en América Latina? ¿Qué valor y cuáles son las razones de mantener relaciones consulares con Cuba y otros países hóstiles ideológicamente? La paradoja de los liberales es conciliar el valor de la tolerancia y el principio del respeto de la diversidad de las opiniones y de las ideas con la defensa, protección y promoción de la libertad, los derechos y la dignidad de las personas. Quizás el temor se basa en lo vulnerable que todavía es nuestro sistema democrático y nuestras libertades, precisamente, por la poca profundidad que tenemos en la calidad de la libertad y en la formación ciudadana en torno a los valores, principios y conceptos liberales. Esa debilidad motiva pensar en estrategias para proteger lo poco que tenemos en materia de libertad y democracia. Mis hijos son muchísimo menos vulnerables a las amenazas de la calle (drogas, etc.) porque han recibido la formación (principios, valores) necesaria para que desarrollen la capacidad de decidir con base en sus propios criterios. Ellos tienen libre albedrío, saben qué les conviene y qué no.
La campaña y los efectos del pasado referéndum en Costa Rica demuestran que un porcentaje importante de la población es débil ante las ofrendas del populismo y son capaces de “cambiar a la madre por una burra”, precisamente por la debilidad de nuestro sistema educativo.
Los sectores de izquierda han renacido con fuerza y cuentan con espacios y activistas políticos para crecer. Estos futuros profesionales graduados en Cuba serán sin duda nuevos “agentes de cambio”. También hay decenas de costarricenses que están viajando a Caracas invitados por el Gobierno de Chávez para practicarse gratuitamente operaciones de cataratas en la vista. Los reciben con alfombra roja. He conversado con algunos de ellos y vienen transformados, hablan muy bien de Chávez y defienden su revolución.
¿Qué hacemos los liberales? ¿Nos quedamos de brazos cruzados? ¿Damos la señal de alerta? ¿Pedimos al Gobierno mayor cautela en las relaciones con países con patologías intervencionistas y expansionistas de sus revoluciones populistas como Cuba y Venezuela? Al menos, hasta donde sabemos, China no ha mostrado ese tipo de hostilidad revolucionaria con otros países.
No seamos ilusos pensando que nuestro país está vacunado contra el socialismo populista que se come la democracia, las libertades y los derechos de las personas en un abrir y cerrar de ojos. El mejor antídoto es que todos los que tenemos vocación democrática, amor por la libertad responsable y respeto por los derechos individuales, estemos alerta, pero esta alerta no debe ser pasiva si no activa, propositiva, ofensiva e inclaudicable. Cada cual en la trinchera que tenga, la columna de un periódico, el escaño en el Parlamento, la vocería de un partido político, el espacio del debate académico y el espacio de las relaciones cotidianas, debemos hacer conciencia de la necesidad de fortalecer la vocación y la convicción de los ciudadanos por la libertad, la democracia y el Estado de derecho.
Claro, también es imprescindible que la gestión política democrática sea eficiente en la producción de condiciones favorables para la prosperidad de las personas, de lo contrario, la democracia y la libertad pierden significado para los anchos sectores sociales que viven en situación de mediana y extrema pobreza. De ahí la necesidad de que los liberales hagamos un estricto y cercano control político para advertir y evitar la mala praxis política y promover las soluciones adecuadas y efectivas. En cada convocatoria electoral popular debemos tener muy en cuenta quién representa qué para no caer en la trampa del ilusionismo político de los populistas de izquierda o de derecha.
Publicado originalmente en http://www.relial.org/Articulos/articuloDetalle.asp?Id=7848
Republicado por el Instituto Acción con la autorización de RELIAL (Red Liberal de América Latina).

