La consecuencia de una ley de salario mínimo no es el aumento del ingreso de los trabajadores menos preparados, sino una reducción de sus oportunidades de empleo.

William Baumol

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Una Mentira Conveniente

http://www.institutoaccion.com/2007/04/16/una-mentira-conveniente/

Realmente enternecen. Nada como leer o escuchar a un gauche divine[1] alardeando sobre las ventajas de la intervención estatal en la economía, y cómo dicha intervención traerá mejores productos, mejores precios para los más necesitados, y –la mejor parte de la chácara- mayor justicia social. Claro, ellos parten por la premisa que sostiene “luchar contra el capitalismo salvaje”. No, salvaje fue la era del socialismo y del comunismo, donde millones de personas morían en colas buscando una miga de pan o media tasa de leche para sus crías.

En un reciente estudio publicado por el Instituto Acción (www.institutoaccion.com), podemos constatar la performance del estado peruano y sus burócratas en un área muy didáctica: la empresarial. El mercado, ese proceso permanente de ofrecer y demandar bienes y servicios a través del sistema de precios, permite discernir -muy fácilmente- quienes son eficientes y quienes no. Si sabes lo que haces, y lo haces bien, probablemente tu esfuerzo será recompensado en el mercado. Sabrás cuáles son los requerimientos de tus potenciales clientes y cómo ser eficiente y productivo en la producción de los mismos, manteniendo tus costos siempre por debajo del precio de venta.

Muy bien. Partiendo de ello, el estudio hace un análisis de las operaciones y resultados de las empresas en manos del estado peruano durante el periodo 1970-2006 en los sectores no-financieros. Es decir, solo de aquellas empresas dedicadas a rubros distintos a la banca y otros de carácter financiero. En total, son 36 años estudiados, de los cuales en 25 de ellos el estado empresario ha dado pérdidas.

El monto de dichas pérdidas, sin embargo, es escalofriante. Traídas a valor presente -es decir, haciendo del flujo uno real- las mismas suman US$ 47,689 millones de dólares. Nada mal para un país que cuenta con casi la mitad de la población por debajo de la línea de pobreza.

Imagínese usted si fuese accionista de esta empresa. ¿Qué haría con los gerentes de la misma? Bueno, en nuestro caso, encima los reelegimos. Con dicho flujo se pudieron construir 63,000 kilómetros de carreteras, cancelar la deuda pública y cerrar en 73% la brecha de infraestructura con Chile, o comprar la SONY Corporation.

Hay que tener siempre en cuenta que las acciones traen consecuencias (ley de causa y efecto); en ese sentido, el estado, al jugar al empresario no solo dilapida el aporte de los contribuyentes, sino también elude sus reales razones de existir: proveer de seguridad interna y externa, así como administrar justicia. Por estar haciendo lo que no sabe hacer, deja de hacer lo único que debería hacer.
[1] Grupo de intelectuales y artistas de izquierda –equivalentes a nuestros “caviares”- que radicaban en Barcelona; luego, el término proliferaría por Europa.