La consecuencia de una ley de salario mínimo no es el aumento del ingreso de los trabajadores menos preparados, sino una reducción de sus oportunidades de empleo.

William Baumol

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IED: ¿El Huevo o la Gallina?

http://www.institutoaccion.com/2007/04/09/ied-%c2%bfel-huevo-o-la-gallina/

Mientras los anticapitalistas locales se desviven por mostrar supuestas “incongruencias” entre la globalización y el desarrollo local, el Presidente García anuncia a los cuatro vientos los avances en el shock de inversiones de su segundo gobierno. Empero, una cosa es gasto e inversión pública –la cual proviene finalmente del stock de fondos públicos y de los flujos de recaudación, muy amarrados ambos al sector externo actualmente- y otra cosa es Inversión Extranjera Directa (IED). La primera, está claro, responde a la decisión política del gobierno de turno; la segunda, de la percepción que tienen los fondos públicos y privados en el extranjero sobre las primeras. En otras palabras, podemos asumir como un termómetro de las primeras a las segundas.

Como una suerte de vendetta frente al primer quinquenio, el Presidente ha asumido un rol protagónico en la apuesta por mayores flujos de inversión extranjera, apostando a un mensaje más contemporáneo, acorde con las variables tradicionales de estabilidad económica: responsabilidad fiscal y monetaria, respeto a las instituciones y a la propiedad, apertura comercial, y otros. Todo muy bien hasta aquí. Los problemas, sin embargo, nacen más al interior de su bancada que en la oposición, ausente en todo sentido. Y es que su discurso, de pompa y derroche a los oídos conservadores, no es seguido por la acción parlamentaria, fuero donde se discuten leyes aborrecedoras de tales flujos de inversión.

Para el parlamentario local, el populismo es un fast track a la reelección, y -por ello- difícilmente encontraremos en ellos una sopesada exploración de las determinantes de la IED, cuales son las expectativas de tales flujos o como seguir al Presidente en su alocada convicción. Si diesen un vistazo a los estudios realizados sobre el tema, encontrarían que dichos flujos responden a variables múltiples, divididas generalmente en dos grandes grupos: determinantes tradicionales (tamaño de mercado, niveles de ingresos per cápita, estabilidad y prospectos de crecimiento, recursos locales, entre otros) y no-tradicionales (desarrollo de infraestructura, capacidades y competencias humanas, tecnologías de información y comunicación, entre otros).

Singularmente, sin embargo, podríamos destacar dos determinantes imprescindibles en todo proyecto de inversión: respeto a la propiedad privada y legislación laboral (adecuada o inadecuada), ambos cubiertos en el nivel o grado de libertad económica; así, encontramos que mayores niveles de libertad económica se encuentran ligados a mayor respeto por la propiedad privada y sus frutos, así como a mayores libertades (o menores restricciones) en los acuerdos laborales. En ambas variables, lamentablemente, encontramos esa discordia –aludida anteriormente- entre el mensaje presidencial y la acción parlamentaria.

Los flujos de IED peruanos durante los últimos 4 años han seguido una tendencia muy parecida a la de los flujos globales, distinta -eso si- a la histórica local (ver cuadro). Ello, justamente, concuerda con la tendencia liberalizadora que vivió el Perú durante la última década vis-á-vis las décadas pasadas. Como se puede apreciar en el cuadro, toda la IED de las décadas de los setenta y ochenta contabilizan menores flujos que los de cualquier año a partir de 1993.

Esa tendencia lineal creciente en la economía peruana desde 1950 hasta mediados de los setentas se vio truncada con medidas estatistas y socialistas, marginando a su vez al Perú de los flujos de inversión extranjera, apartando con ello cada vez más al peruano de a pie de una vida desarrollada. En otras palabras, ese discurso progresista, supuesto abanderado de los más necesitados, es justamente el que postró los sueños y proyectos de los que hoy más necesitan; y ese mismo discurso y lenguaje es el que nos amenaza, hoy, con reivindicar los supuestos “derechos” perdidos.