La consecuencia de una ley de salario mínimo no es el aumento del ingreso de los trabajadores menos preparados, sino una reducción de sus oportunidades de empleo.

William Baumol

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Bajo los Ojos de AGP

http://www.institutoaccion.com/2007/03/25/bajo-los-ojos-de-agp/

Preocupa esta cháchara presidencial sobre la inversión. Preocupa por un motivo fundamental: los antecedentes del mandatario. En 1987, en plena etapa de estatización/expropiación de la Banca, el Presidente Alan García Pérez (AGP) esgrimió como motivo fundamental de la toma, el “amontonamiento” de la moneda por parte de los mismos, lo cual –según la visión presidencial- mantenía las tasas de interés altas y, además, iba en contra del “plan nacional”. En otras palabras, el presidente manifestó un desconocimiento brutal de economía básica, al no advertir la relación causal entre la hiperinflación –causada por la elevada emisión primaria de su gobierno, no por efectos regionales como él sigue sosteniendo- y las altas tasas de interés.

Recordando el escenario del 87, ¿Qué ocurrirá cuando cambie la tendencia del ciclo económico actual? ¿Volverá a confundir la relación causa-efecto como en la toma de la banca? Por la falta de entendimiento de las relaciones causales económicas básicas que demuestra hoy en día, podríamos aventurarnos a apostar que sí. Nadie puede permitir la violación sistemática de la libertad y la propiedad, y exigir –simultáneamente- mayores inversiones. El permitir lo primero hace inviable lo segundo. Eso es, precisamente, lo que está haciendo AGP.

Sería importante que el mandatario revise cuáles son las determinantes de la inversión; si lo hace, encontrará palabras y términos (tal vez, extraños para él), tales como “estabilidad”, “respeto”, “propiedad” y “ganancias”. Si hoy en día no están dadas las condiciones para que las inversiones vengan a ritmos importantes –y ello podemos establecerlo al revisar los índices del Fraser Institute (sobre inversión minera), del Banco Mundial (Investment Climate), entre otros-, no podemos mañana retrasmitir alegremente la culpa, como se hizo en el 87. Recordemos: todo se ajusta a la ley de causa y efecto.

Los empresarios no son lerdos o desagradables; solo responden –como cualquiera- a incentivos. Si el negocio forestal es bueno, habrían ya varios proyectos en camino. El Presidente de CONFIEP, Jaime Cáceres, ha demostrado ejemplarmente por qué ello no ocurre. De igual manera podemos constatar las permanentes violaciones a la propiedad del empresario hotelero Carlos Gonzáles en Yurimaguas. Por enésima vez, invasores toman sus instalaciones hoteleras y vegetan amparados en la inacción del estado, quien tiene como única obligación original el defender a las personas del uso de la fuerza por parte de terceros. Estos casos no son, lamentablemente, aislados.

En principio, no es que la cháchara presidencial caiga mal o aburra; es hasta incluso refrescante escuchar a un mandatario por estas latitudes hablar de inversión. Empero, si sería bueno que nuestro mandatario estudie esos casos –que, repetimos, no son aislados- e investigue la relación causal existente entre ellos y la pobre inversión de la que se queja.