El ABC de la “Libre” Desafiliación
El tema de la libre desafiliación está en el centro del debate. Todos parecen estar convencidos: políticos, laboralistas, caciques sindicales y hasta… las víctimas de esta historia. Ésos miles de trabajadores que aportaron bajo el regimen estatal (IPSS), que fue saqueado por sucesivos gobiernos entre los setenta y noventa. Incluso hoy las víctimas –los trabajadores transferidos compulsivamente a las AFPs sin su plata- ven en la “libre” desafiliación todo lo que no es: una solución justa a su drama. En estas líneas, los invito a enfocar fríamente los elementos centrales de esta historia –convenientemente ignorados en la discusiones actuales- y a formarse usted mismo una idea clara de lo que pasó.
Primero lo primero. Entre los años setenta y noventa los fondos y reservas del sistema estatal virtualmente desaparecieron en términos reales. Las causas de este desastre –grosso modo- habrían sido tres: la desaparición real de estos ahorros por efecto de la alta inflación prevaleciente entre 1974 y 1992, el recurrente incumplimiento de significativos aportantes de entidades estatales, y la politización y alta corrupción de la gerencia del IPSS. Hoy en día, hasta las estadísticas, han desaparecido.
Así, a mediados de los noventas el régimen de Alberto Fujimori liquidó el IPSS, y desdobló sus funciones hacia dos entidades, una previsional –la ONP- y otra de prestación de servicios de salud (Essalud). Este desdoblamiento, de la mano con la creación del sistema de propiedad privada con capitalización individual vía las AFPs, tenía una contraindicación. La naciente ONP nació insolvente. Y es que los ahorros de los trabajadores, los fondos y reservas solidarias del IPSS, virtualmente no existían. Frente a esta complicación, el gobierno fujimorista reasignó un volumen limitado de los ingresos por privatizaciones hacia la ONP y dispuso que se redirijan hacia ella solo los ya jubilados bajo el régimen estatal. Como se conoce hoy, bajo esta solucion parcial, las previsibles eventuales insolvencias de la ONP serían cubiertas por los contribuyentes.
La clave de esta historia se descubre cuando recordamos que quienes venían aportando desde hace varias décadas (y cuyos ahorros previsionales habían sido esquilmados) pero que les faltaba poco para jubilarse fueron lanzados al sistema privado pero sin su plata. Repito: sin devolverles sus aportes. De hecho, los criterios por los cuales se construían los llamados Bonos de Reconocimiento configuran evidencia vergonzante de apropiación por parte del Estado Peruano. En buen español, gente que había aportado (y/o a la que se le había descontado año tras año) gran parte de su vida laboral, fue abiertamente robada y lanzada compulsivamente a las administradoras privadas. Faltándoles pocos años para jubilarse y dados sus bajos ingresos, las “denuncias” sobre magras jubilaciones en el Sistema AFP, comenzaron a aflorar.
La llamada libre desafiliación, estimado lector, no señala otra cosa que permitir que los trabajadores de este segmento que fueron –obligatoriamente- transferidos a las AFPs puedan ser redirigidos “libremente” hacia la insolvente ONP. El fondo de esta historia no implica tanto si es mejor un sistema privado de capitalización individual frente a uno estatal y solidario. Implica preguntarse por ejemplo: ¿cuánto valdrían actualmente los ahorros de estos trabajadores?, ¿por qué estos recursos no fueron con los trabajadores a las AFPs?, ¿por qué existe tanto afán por olvidar la historia y cubrir a los evidentemente responsables del peor latrocinio de nuestra historia reciente? Autorizar legalmente la libre desafiliación, y tomar esto como una solución, es solo una pantomima escandalosa. Esta gente ahorró, fue robada por el Estado Peruano y nadie habla de devolverles sus ahorros.
Aquí, a diferencia de Clae, ninguno ha ido preso por esto y ni siquiera se habla del monto de lo robado o el tamaño de la Deuda Previsional. Asimismo, resulta por demás curioso y sugestivo destacar cómo toda la clase política de estos días (desde Lourdes hasta Ollanta) coincide buscando este vergonzoso olvido. E incluso, los más torpes entre ellos, venden esta falsa salida como un asunto de justicia o como la lucha contra las poderosas AFPs.
Estimado lector: antes que la libre desafiliación –y aún dejando de lado tanto las lecciones de nuestra historia cuanto la insolvencia actual de la ONP- hay que calcular el valor actual y devolver lo despojado. De los eventuales responsables que se ocupe la Ley.

