El Mito de la Presión Tributaria
Thomas Paine, libre pensador británico y uno de los artífices de la independencia norteamericana, decía que el estado…“vigila la prosperidad como a una presa, y no permite que nadie escape sin imponerle un tributo”. En resumen, eso es estado: impuestos, impuestos y más impuestos. La receta de Marx. Y si alguien tenía una duda sobre la ideología predominante en nuestro país, vaya si pueden esclarecerlas. Ahora, tras el vértigo populista de los primeros días de gobierno, salen a flote las necesidades de capital extra. Y claro, faltaba más, ahí están los productivos para mantenerlos a todos.
Escuchamos, día y noche, que el Perú mejora y que ello, por supuesto, se debe a un mejor trabajo del estado; prueba de ello –dicen los intervencionistas- es que la recaudación ha aumentado considerablemente, que la presión tributaria es hoy más alta que nunca, y que se ampliará –siempre en condicional pluscuamperfecto- la base tributaria. Y una vez más, los tontos útiles se la creen.
Tributariamente hablando, no existe el “Perú”; existe “Lima”. No existe “base tributaria”; existen “patrocinadores”. No existe “presión tributaria”; existe “expropiación tributaria”. Me explico con cifras: el 83% de la recaudación en valores se recauda en Lima, donde vive el 25.56% de la población total del país, de las cuales, 9.20% viven en pobreza y pobreza extrema; en otras palabras, el 16.36% de la población -y sus empresas- tributan el 83% de la recaudación. Otro dato: el 0.003% de los contribuyentes tributan el 55.9% de la recaudación total ¿Cuál base tributaria? ¿De qué están hablando?
Vivimos en el paraíso marxista, aquél donde los impuestos tenían que ser progresivos, tal como nuestro IR, y –próximo a venir- el “Impuesto a los Ahorros”. Y si hay algo “regresivo” son los impuestos “progresivos”, como bien explica el economista argentino Alberto Benegas-Lynch. Dichos impuestos afectan directamente las tasas de capitalización, razón por la cual nuestra inversión per cápita es tan pobre.
Empero, como estamos en épocas de vacas gordas, los pocos tontos útiles sienten que deben ser exprimidos como cuota de su “responsabilidad social”, y dejan de entender que es justamente éste momento en el que deben exigir reformas que permitan mejorar dichas tasas de capitalización; por ejemplo, la reducción del estado, la ampliación de las libertades de comercio e intercambio, la desregulación laboral, y otras que –conjuntamente- hacen que el estado requiera menos ingresos –léase-, menos impuestos.
No nos dejemos bambolear por los socialistas, ellos nunca han producido un ápice. Por eso no entienden lo que es sufrir la expropiación legal del estado.

