Sobre Milton Friedman
El profesor Milton Friedman falleció el jueves pasado en California a la edad de 94 años. Premio Nóbel de Economía en 1976, realizó enormes contribuciones a la teoría económica a nivel no solo micro o macro, sino incluso en el plano metodológico. Cuando, hace treinta años la nota de prensa de la organización del Nóbel trataba de resumir sus aportes, ésta destacaba su contribución en áreas como el estudio de la función consumo, la teoría monetaria (que selló y revolucionó), la comprensión de la historia económica norteamericana y sus análisis sobre la complejidad de las políticas de estabilización. Pero lo que había hecho el profesor Friedman era algo bastante más complejo y trascendente de lo que esta simplona aproximación a su trabajo académico trataba de resumir. Friedman había derrotado -y ridiculizado- a la poderosa ortodoxia postkeynesiana prevaleciente, a un nivel tal que muchos, aún después de muerto, no le perdonan.
Recordémoslo bien, desde los días de la posguerra hasta mediados de los setenta, la visión oficial de la política económica se sustentaba en la perspectiva keynesiana. Según ésta, como los mercados no funcionaban bien en el corto plazo, era necesario que el gobierno intervenga sistemáticamente, buscando socializar la inversión y tratando de empujar la actividad económica con políticas fiscales y monetarias expansivas. Esta ortodoxia estatista sí que le caía como anillo al dedo a mercantilistas y gobernantes en los años de la posguerra y la guerra fría. Por ejemplo, que la teoría económica prescriba que el gobierno es la fuerza que dirige y mueve la economía, estructuró políticamente un ambiente ideal para el desarrollo por gobiernos corruptos e ineptos como los que nos rigieron en Latinoamérica las últimas décadas.
Pues bien, el profesor Friedman descubrió que esta la perspectiva keynesiana resultaba limitadísima teóricamente y errada empíricamente. Que las economías en los cuales los mercados son dejados funcionar (en los que la gente es libre de elegir) se desarrollan, que el mercantilismo es aberrante y que lo que el Estado puede hacer a través de políticas de demanda es muy poco. Por ejemplo, dejó claramente establecido que el BCR –ese gran ladrón de salarios y jubilaciones a través de la inflación- puede hacernos mucho daño.
Sin embargo y a pesar del profundo desprecio con el que la ortodoxia anglosajona trató a Milton Friedman a inicios de su carrera, nada pudo evitar que quedase un títere con cabeza. La Macroeconomía que hoy se discute en las escuelas actualizadas –sean nuevo-keynesianos o nuevo-clásicos- le deben a los aportes de Friedman mucho más que a ningún otro. Quien ha fallecido, le guste o no a los enanos, es el economista más importante del siglo XX.
Sí, éste brillante profesor es culpable de pensar diferente. Y es culpable también de influir, y mucho. Sus ideas son culpables hasta médula de dejar en ridículo a las políticas estatistas y al intervencionismo estatal fácil. No seamos cándidos. Friedman ha dejado mal parados a muchos sinvergüenzas. Nunca entró dentro del aro de los intelectuales discretos. Fregó mucho y a muchos, como debe ser. Los lambiscones que medraban de dictaduras como las de Velasco y que hoy lo acusan de haber visitado Chile en los años de Pinochet, no se van a callar. No van a dejar de mentir. Pero tampoco van a poder evitar su inexorable proceso de descomposición en el ridículo. Por todo esto, muchas gracias Profesor.

