Cuando la Sensatez Hace Agua
Al peruano le encanta el arroz. Según el Ministerio de Agricultura este cultivo ocupa 300 mil hectáreas y su consumo en el Perú es más alto que en el resto de Latinoamérica. Lo que sorprende es que, si escasea el agua, se consuma tanto arroz cuando cultivar una hectárea de este cereal requiere una cantidad de riego que -según USAID- permitiría que a 100 hogares rurales no les faltase agua por 4 años. ¿Por qué este desperdicio cuando en lugares como Chulucanas o Nauta quienes acceden a la red de agua potable solo gozan de este recurso en promedio cuatro horas al día?
La respuesta es que en Perú no existen derechos de propiedad sobre el agua. El agua de pozos, ríos, lagos y manantiales es del Estado. Él decide quién puede utilizarla, a qué precio y para qué fin y no se puede vender libremente el agua que el Estado concede. Por eso ésta se desperdicia en fines que a algún burócrata le parecen correctos pero que no responden a las demandas de la gente.
En Chile, por el contrario, las personas pueden ser propietarias de una cantidad de agua de un pozo, río, lago o manantial. Ellas deciden en qué usarla y pueden venderla al precio que deseen. Así, un agricultor en Chile puede vender su agua a un pueblo, una empresa u otro agricultor. Pero en Perú, solo le quedaría desperdiciar el agua en una actividad menos eficiente, como por ejemplo cultivar arroz. Entre otras cosas, esto explica cómo en Chile se desarrollaron proyectos de irrigación privados que permitieron que en 15 años aumente la producción anual agrícola en 6%, mientras que nuestro agro sigue estancado a pesar de la inversión pública.
La falta de derechos de propiedad sobre el agua también tiene efectos dramáticos en otros países. Por ejemplo, el lugar en que llueve más en el mundo es Cherrapunji, pero sus habitantes carecen de agua. Asimismo, en India y China solo se utiliza 18% y 16% del agua disponible. En Africa las mujeres caminan en promedio seis kilómetros diarios para recolectar agua, la cual llevan sobre sus cabezas en recipientes de hasta veinte kilos. Y si el Estado le concedió agua a alguien cerca de estas personas no puede venderla legalmente. Por esta razón, nadie invierte en infraestructura que acerque el agua a sus casas.
Se necesita de agua para volver más productivos el agro y la industria, y para que los más pobres tengan qué beber. ¿Se les puede negar a los pobres comprar pan? No. Entonces ¿por qué se les prohíbe comprar agua libremente?

