La consecuencia de una ley de salario mínimo no es el aumento del ingreso de los trabajadores menos preparados, sino una reducción de sus oportunidades de empleo.

William Baumol

Zona de descargas

Combayo y el Déficit de Estado

http://www.institutoaccion.com/2006/08/30/combayo-y-el-deficit-de-estado/

A los peruanos ¡cómo nos gustan las expresiones vacías! En estos tiempos, por ejemplo, ante cualquier problema o desenlace negativo –incluso frente a los que la misma burocracia causa por su ineptitud o negligencia- abundan los ilusos que plantean que existiría algún déficit de Estado o que la solución implicaría “más Estado”. Es decir, mayores cargas regulatorias, mayores impuestos o –lo que al final es lo mismo- alguna expropiación.

Hoy, el drama de Combayo grafica un conflicto entre los inversionistas y grupos de interés locales que desconocen la propiedad privada y que exigen rentas en forma violenta. De hecho, el desconocer la propiedad violentamente ha probado ser una práctica rentable, al menos para los caciques, curitas y ONGs involucrados. Ha resultado en cambio -como el caso arequipeño grafica con nitidez- toda una desgracia para la región donde se registra el conflicto. Esto, dado el implacable desmantelamiento subsiguiente de la inversión privada y pública en la zona.

En toda esta historia, el rol de las burocracias, la limeña y la regional, ha sido lamentable. Ellos, lejos de defender la propiedad de quienes invierten, parece limitarse a cobrar implacablemente más impuestos, quebrando metas recaudatorias (por regalías, IGV y renta), y mostrándose más que felices induciendo a que los privados desembolsen aportes dizque voluntarios.

Señores, aquí no hay déficit; hay un lamentable superávit de Estado. Del peor tipo de Estado. De ese Estado que desde hace mucho tiempo toma los impuestos de los mineros y no reasigna nada perceptible hacia la zona. Ése que quiebra las reglas tributarias voraz y constantemente; y que, esclavo de la ideología socialistona prevaleciente en nuestro país, no hace respetar la propiedad privada y que incluso alcahuetea el irrespeto a la propiedad privada. Este último detalle tiene una contraindicación adicional. No solo configura una plaza de espanto para nuevas inversiones, muestra un gobierno débil y timorato. De ésos que si llegan a terminar su mandato, lo hacen rezando.

Una desgracia para el Perú. Un cúmulo de razones para que las inversiones mineras se redirijan hacia Chile.