García Contra García
Existe un Alan García que parece tenerlo muy claro. Uno que comprendería la pasmosa situación de la inversión privada en el Perú. Uno que parecería entender que es posible alcanzar -e incluso- superar económicamente a Chile en el mediano plazo. Que para ello, además de modernizar agresivamente infraestructuras y revolucionar la educación pública (privatizándola), requiere convertir a nuestro país en una plaza inversora no hostil y con palabra predecible.
Pero existe otro Alan. Uno que -políticamente temeroso a Lourdes, Ollanta o Javier- plantea aportes confiscatorios “voluntarios” a ciertos mineros, más competencia desleal estatal (Banco de la Nación, PetroPerú, et al) o mayores encarecimientos de los puestos de trabajo. Uno boicotea al otro. Políticamente, no comprender que nadie invierte masivamente en una plaza con aportes voluntarios y amenazas de expropiaciones indirectas, implica sobretodo débil liderazgo.
Un García fracasado será todo un regalo para Ollanta, Lourdes o Javier. Y sobre todo… para Hugo.

