Buscar la Equidad Causa Pobreza
Séneca -el padre- decía que ningún viento es favorable para quién no sabe a dónde va. Es decir, sin metas concretas la confusión y el desorden prevalecen por la falta de estrategia, organización, dirección y control. La ausencia de una visión que encarne los objetivos de largo plazo ha postrado al Perú durante los últimos 60 años en un vaivén político enredado entre socialismos y mercantilismos en sutiles mezclas. De ello se han valido los grupos anticapitalistas y antiglobalización para popularizar sus falacias.
Así, hemos escuchado recurrentemente la proposición que la globalización y el capitalismo han sembrado miseria y pobreza. Hoy, bajo una abrumadora realidad global que contrasta exactamente lo contrario, estos grupos recurren a una nueva falacia: que dichas políticas generan inequidad y desigualdad. Una vez más, la realidad demuestra lo contrario. Y es que, como bien expresa Ayn Rand, no existen contradicciones: “cuando presumas una contradicción, revisa tus premisas”.
Revisemos la evidencia global para entender el grado de manipulación de la realidad por parte de estos grupos antidesarrollo. En 1820, luego de más de 11,500 años de vivir gregariamente, el 85% de la población mundial coexistía bajo estándares de vida que hoy calificamos como “extrema pobreza” (menos de $1.08 por día). En aquella época, el 75% de los niños menores de 5 años morían en Londres -tal vez la ciudad más adelantada de su era- por desnutrición y falta de un adecuado acceso a salud básica. Hoy, gracias a la Revolución Industrial y al proceso de globalización –referentes del modelo capitalista-, la pobreza extrema se encuentra a niveles de 13%.
Empero, los grupos radicales no aceptan esta relación. Atribuyen arbitrariamente la mejora en los indicadores de pobreza a un sistema electoral: la democracia. Así, cambian hoy de escenario y articulan pruebas sobre la supuesta relación entre desarrollo e inequidad. Es imprescindible reparar en el hecho que inequidad y reducción de pobreza son objetivos diametralmente opuestos y –por ello- contradictorios.
La búsqueda de la equidad requiere de medidas que aletargan el ahorro y la inversión, las dos variables que conforman el génesis del desarrollo de puestos de trabajo y la consiguiente mejora en la calidad de vida. Sin embargo, si bien son objetivos antagónicos, uno sí es un efecto de rebalse del otro. Ejemplos tangibles de ello podemos encontrarlos en la India de Indira Gandhi o las primeras políticas adoptadas por los países de Europa del Este ex post la caída del bloque soviético. Hoy, ambos ejemplos han optado por un modelo de desarrollo y crecimiento capitalista, encontrando una mejora sustancial en los indicadores de pobreza.
Si la equidad es más importante, como fin, que la reducción de pobreza, ¿como así es que miles de cubanos –viviendo en igualdad, pero en medio de absoluta pobreza- se adentran en aguas infestas de tiburones para llegar a las costas de uno de los países con mayor desigualdad en el mundo? La mejor manera de reducir la pobreza en un país es permitiendo a los individuos actuar libremente en la búsqueda de sus planes de vida; ello trae consigo, como efecto de rebalse, que los de más abajo crezcan a mayor velocidad relativa. No es cierto que con el desarrollo económico solo ganan más los que más tienen; los que más se benefician del crecimiento económico son los pobres: ese es un objetivo claro y concreto.

