Redefiniendo a la Democracia (II)
Al analizar la Democracia, hay dos premisas que debemos tener presente. En primer lugar, la propuesta de Hans Hermann-Hoppe, aquel economista austriaco conocido por su propuesta anarco-capitalista, quien plantea una proposición muy simple: en países donde cunda la desigualdad, la tendencia será a elegir propuestas cada vez más malas. El porqué, es muy sencillo: debido a la necesidad y falta de satisfacción de las mismas, el pueblo votará a favor de quién más prometa, incluso si esa promesa implica romper la caja fiscal. Por ello, Hoppe propone evolucionar a escisiones estatales; es decir, que las naciones se subdividan en pequeños estados (tipo Mónaco o Liechtenstein). Así, verdaderamente se podría implementar una democracia de estilo “ateniense”.
En segundo lugar, la propuesta del economista americano Mancur Olson, quien da en el clavo en su estudio sobre la lógica colectiva, donde propone que por encima de un número (2 ó 3 decenas de personas) nunca se llegará a un acuerdo colectivo; podemos aplicar dicho concepto y encontraremos difícil –sino imposible- lograr un sistema electoral o político que satisfaga los deseos de 28 millones de personas (en nuestro caso). Así, unos preferirán dictaduras, otros desearán democracias y otros, monarquías. Cada cual tiene sus ventajas y desventajas, guste o no a los demócratas.
En principio, es elemental partir por asumir que la democracia es, de todos lo sistemas, el menos malo: es, a fin de cuentas, un sistema electoral basado en el voto mayoritario. Ojo, no es un sistema político, económico o social; es un sistema electoral. Es un mecanismo que nos ayuda a escoger entre propuestas políticas. Nada más.
Se habla mucho de que este sistema se basa en la democracia ateniense, empero ello no es así. ¿Cuál es la diferencia entre “nuestra” democracia y la ateniense? Pues en verdad, muchas. En la segunda, las decisiones se tomaban en asambleas donde solo participaban ciudadanos con pleno privilegio; estas reuniones eran casi semanales y congregaban cerca de 6,000 personas. No estaban permitidos de atender mujeres, esclavos o extranjeros y las decisiones se tomaban por mayoría (dejaban una piedra de color negro o blanca en una ánfora). En nuestro sistema, elegimos –todos- un líder y 120 congresistas cada cinco años; lo que se llama, una democracia “representativa”.
Karl Popper, en una lectura bastante forzada, propone que la gran virtud de la democracia es la capacidad intrínseca de revocar a malos políticos fácilmente. Díganle eso a los venezolanos, cubanos y otros que sufren a “demócratas” –al fin y al cabo, hay elecciones. La democracia no te asegura nada: el hoy electo “democráticamente” puede volverse un dictador –acordémonos del ‘92.
Un problema adicional del sistema es que, una vez elegidos los gobernantes en las urnas, éstos creen representar a todos los ciudadanos y que cuentan –además- con el respaldo hacia su propuesta. Hace poco, el candidato nacionalista dijo que “los peruanos han votado en primer lugar por la propuesta nacionalista”. ¿Qué significa eso? Que de salir elegido en segunda, él asumiría la total anuencia de todos los peruanos para proseguir su propuesta. Nada más alejado de la realidad.
En realidad, sólo un 21% de electores en primera vuelta votó por dicha propuesta, lo cual además no implica que le den al candidato 5 años de “cheques en blanco”. A diferencia de los atenienses, nosotros sólo “opinamos” cada cinco años. Entre las dos propuestas –la de Hoppe y la de Popper- más sentido tiene en nuestra realidad la primera que la segunda. Empero, por seguro sería peor una dictadura o monarquía en un país como el nuestro.
Aparentemente, tenemos un trabajo por resolver y es ¿cómo mejorar nuestro sistema electoral? Si vemos la historia del PBI per cápita desde el año 1950, hay dos periodos marcados por el decrecimiento, subdesarrollo y empobrecimiento: el velasquismo y el alanismo. ¿Cuáles son nuestras opciones en segunda vuelta? Pues, Velasco y Alan. ¿Seguiremos aplaudiendo a quienes nos venden ideas “democráticas” que traen como consecuencia hambre y miseria?

