La consecuencia de una ley de salario mínimo no es el aumento del ingreso de los trabajadores menos preparados, sino una reducción de sus oportunidades de empleo.

William Baumol

El Efecto “Chávez”

http://www.institutoaccion.com/2006/05/02/el-efecto-chavez/

Los recientes eventos acaecidos entre el dictador venezolano y el proceso electoral peruano son unos de necesaria referencia y los cuales requieren de profundos análisis por parte de la población peruana. No es que el interés radique en descubrir las causas de la permanente interferencia del dictador –el cual tiene un especial interés por la victoria de un señalado candidato con similares tendencias políticas y económicas- ni pretenderemos ofrecer futurología sobre lo que ocurrirá en adelante. Simplemente es un ejercicio de dónde estamos y qué nos depararía un futuro aprista o bolivariano.

Los insultos reiterados del dictador venezolano serán, en mi opinión, ventajosos al candidato aprista en una eventual victoria electoral el próximo 20 de Abril. Ventajoso, porque le permitirá al mismo entrar al gobierno en Julio con una población amalgamada en torno a la defensa de la soberanía peruana; es decir, los agravios del dictador fusionarán a los apristas, anti-apristas e indiferentes en torno a la figura de quién representará a la nación a partir del 28 de Julio, nos guste o no su persona.

Ello, en esos momentos, deberá permitirle a García y al eventual gobierno aprista una luna de miel un poco más alargada que el promedio histórico de las mismas; Toledo, por ejemplo, gozó de una luna de miel bastante reducida -la población percibió al gobierno de transición como una, y no estaba por ello dispuesta a otorgar 6 nuevos meses de carta blanca- mientras que Fujimori contó, en su primer gobierno, con una que le permitió hacer incontables y radicales cambios con el apoyo tácito de la población. Así, creo que García se beneficiaría con dicho espacio de tiempo -avalado sentimentalmente por la población- y deberá entonces aprovechar dicha coyuntura para ganar de vuelta al “otro” Perú que personifica la sierra sur peruana. Aquella que ha votado en contra del sistema, en contra del progreso y que requiere de respuestas sobre como “desarrollarse” e integrarse.

Si las elecciones desencadenasen en una victoria del preferido por la revolución bolivariana, las cosas las anticipo mayúsculamente oscuras, con tendencia a la rápida putrefacción social. Los social-nacionalistas creen, por las declaraciones efectuadas por sus máximos representantes, que ese 30% de la población electoral válida –o 25% de la población electoral total- ha elegido el discurso del comandante, y no que se trata de un voto anti-sistema, como se dio en 1980, 1990 y 2001. No. Para ellos, han elegido la propuesta con la que se pretende militarizar al país, devolver su geografía política a aquella encontrada a la llegada de los españoles (el Tahuantinsuyo), volver a su economía en una autárquica, y –por supuesto- concretar el sueño bolivariano de su padrino electoral.

De llega al gobierno, la tendencia de los nacionalistas será hacia la implementación inmediata de sus propuestas, con las consecuencias nefastas que todos prevemos. En ese escenario, poco o nulo margen de acción quedará para poder discutir las decisiones, los efectos posteriores de las mismas, y –así se den cuenta- de poder dar marcha atrás en lo que será, sin duda, una nueva revolución socialista en el Perú, tal como aquella vivida con el dictador Velasco Alvarado, y cuyas cifras netas de empobrecimiento y subdesarrollo todos –hoy- reconocemos.