Castro, Chávez y Humala
¿Tiene algún sentido vincular dos pestilentes dictadores latinoamericanos con el candidato Humala? No es solo que el aludido no se atreva a criticar públicamente los crímenes castristas o la corrupción chavista. Ni siquiera bastan sus aires de outsider mandoncito. La afinidad se da en el centro de su oferta de gobierno. Y es que la receta nacionalista -más allá de sus promesas de moderada ortodoxia- se basa en controlar, aislarnos comercialmente (dizque en forma estratégica), concentrar los impuestos, e inflar generalizadamente lo estatal.
Nótese, sin embargo, que para gobernar así -quebrando derechos de propiedad y manejando crecientes grados de escasez- se requiere un mandato abrumador. Humala no lo tiene. Apenas uno de cada cinco electores hábiles votó por él. Tarde o temprano, la prensa y las instituciones democráticas le impedirán actuar. Previsiblemente, le urgirá cruzar la línea. En este punto, el “apoyo” y la “asesoría” cubano-venezolana le resultarán críticos.

