La consecuencia de una ley de salario mínimo no es el aumento del ingreso de los trabajadores menos preparados, sino una reducción de sus oportunidades de empleo.

William Baumol

Si Sale…

http://www.institutoaccion.com/2006/03/29/si-sale/

A dos semanas del 9 de Abril, sería interesante penetrar en las posibilidades –al día de hoy- más plausibles de acontecer en cuanto a la elección y quién será el favorecido por el voto mayoritario, conjeturando –es decir, induciendo- en base a las propuestas, entornos, ideologías, y personalidades. Será imprescindible, así mismo, conjeturar el entorno en el que se desarrollará el quinquenio, la atracción o rechazo de los votantes hacia quien gane las elecciones, las empatías de los inversionistas extranjeros, y –sobre todo- las posiciones que adoptarán los grupos políticos en el congreso y otros poderes del estado.

Salga Humala, García o Flores Nano, el entorno económico mundial de los próximos cinco años serán –ponderados- de menor desarrollo económico: es muy probable que se enfríe la economía hacia mediados del 2007, que los precios externos se depriman y que las tasas de interés suban algunos puntos, que el petróleo se estabilice en los niveles actuales, y que la región experimente –por los acontecimientos recientes y el polvorín al que se dirige la zona- una reducción del interés por parte de la inversión extranjera. El TLC será, en esos momentos, determinante para el desarrollo o el retroceso económico local. La prensa, en los tres casos, estará divida, y siempre se encontrarán voces a favor y en contra de las tres propuestas.

Si sale elegida Lourdes Flores Nano serán probablemente años muy parecidos a los de Toledo económicamente: probablemente se firme el TLC y con ello se minimice la ocurrencia del enfriamiento económico mundial gracias a la IED, la cual –esperamos- sienta mayor confianza en la plaza; a su vez, las reformas del estado serán mínimas –en parte por la férrea oposición de los incumbentes políticos locales y en parte por la calle agresiva que enfrentará por cinco años- por lo que las cuentas fiscales no serán tan prudentes como esperamos.

Sin duda tendrá un congreso hostil y pernicioso, liderado por virulentos de ideologías extremistas más interesados en derrocar el régimen sumariamente que a velar por el futuro del país; la calle –como hemos advertido- será sin duda igualmente peligrosa, y sin cuadros capaces de defender las propuestas oficialistas, la cuestión será si soportará o no el quinquenio. Cualquier acción será tildada de neoliberalismo, así se circunscriba en el manual político de la Rusia comunista; será difícil que reduzca el gasto corriente, que reforme la administración tributaria, o que controle adecuadamente la política monetaria. Será, como dijimos, muy parecido al quinquenio de Toledo, sin el anecdotario correspondiente.

Si sale Ollanta Humala serán años muy parecidos a un cruce del Velascato y el quinquenio Aprista: no se firmará el TLC –EE.UU. no firmaría así le rueguen- con lo cual se sentirá la frenada de golpe: los inversionistas extranjeros –aunque hoy nieguen la posibilidad- se correrán de la plaza como se retira la paloma frente al gavilán; se caerán las exportaciones, la recaudación tributaria, y el tipo de cambio subirá como la marea en luna llena. La culpa –claro está- será de las empresas, por lo que el aumento de las tasas de interés –por el aumento de todo tipo de riesgos- y de los precios serán contrarrestados con controles de precios paulatinos. La calle recibirá con júbilo la elección, por lo que los petrodólares de Chávez serán como la morfina: no sentiremos mucho dolor mientras estén en la vena.

Es fácil augurar un asalto de la administración pública y de los frutos cuantiosos para quienes participan de la misma, como es el caso hoy en día de quienes ya administran entidades en el actual régimen y que son piedra angular del proyecto nacionalista. Se tomarán por asalto los fondos de pensión privados (AFPs), fondos que sus acompañantes ya están usando para minimizar la altísima emisión primaria. Desde luego, la debacle económica será debidamente complementada con medidas autoritarias y arbitrarias, dirigidas a ganar aplausos en las clases pobres en base al sometimiento y el agravio a las clases medias y alta. La posibilidad de expropiaciones masivas será bien vistas, en un entorno dónde Venezuela y Bolivia darán los primeros pasos. A mediados del quinquenio comenzarán las pifias y el autoritarismo deberá introducir mayor autoritarismo para sobrevivir, y no será inverosímil presenciar un quinquenio convertido en “oncenio”.

Si sale Alan, bueno, será como nos imaginamos un segundo gobierno de Alan: ni tan malo con fue el anterior ni tan bueno como quisiéramos que fuera. En cuanto al populismo prometido por el APRA, probablemente será rapante: Banco Agrario, controles de precios en las medicinas y otros productos básicos, mayor control de los otros poderes del estado, corrupción atomizada y general; en resumen, muy parecido a los 80s pero con mayor conocimiento de uso del papel moneda. Tratarán igualmente de tomar los fondos privados, de limitar ciertas libertades económicas, y de manejar la política monetaria expansivamente, sin embargo, es incierto –y será determinante- si firmarían o no el TLC con EE.UU. De hacerlo, lo anterior será algo más limitado, y si no lo hacen, se les cae la economía como caen las casas de naipes.

La calle será benevolente con un orador agrandado por la vuelta al poder, y los compañeros podrán manejar a los grupos radicales si consiguen un apoyo en el congreso, en el que podrían llegar a tener mayoría si realizan adecuadas alianzas. Lo cierto es que con el APRA nunca se sabe, y por ello es más difícil predecir si buscarán perpetuarse en el poder o no, si buscarán proyectos de desarrollo majestuosos que requerirán de fondos que hoy se escapan por las ventanas, y –si desean hacerlo- tendrán que enviar señales de paz a inversionistas que hoy temen lo peor. Los industriales locales creerán que se sacaron la Tinka, pero –como es siempre con el APRA- habrá que ver para creer, y si cierran los mercados, será igualmente infernal en el largo plazo. Sólo si firman el TLC las cosas podrán aquietarse, habrá que esperar que ello ocurra y que el gasto corriente lo analicen antes de crear mayores problemas hacia el futuro.

Como podemos apreciar, las conjeturas auguran un complejo panorama local; sin embargo, existen diferencias sustanciales: la primera es una propuesta que se basa en respetar los derechos y que –por lo visto anteriormente- podría permitir un crecimiento moderado y prometedor. En la segunda, sin embargo, auguramos totalitarismo, intervencionismo y convulsión, con un shock en la economía local brutal para quien recién ve los primeros frutos del trabajo realizado. La tercera es una receta mala y conocida, pero –si es que aprendieron a sumar en estos 15 años fuera del gobierno- sabrán que sin TLC la cosa se pone color hormiga. El pueblo elegirá –como no- aquello que más le convenga, y por ello auguramos que entre el autoritarismo y el populismo se resolverá la segunda vuelta. Leer a Ayn Rand se presenta como la mejor opción intelectual para entender lo que se nos viene.