Todo Está Muy Bien
Cada vez que nos desplomamos, y nuestros ingresos y bienes pierden valor drásticamente, siempre culpamos a otros. En el pasado acusamos repetidamente al FMI por nuestras borracheras fiscales. También a las reformas de mercado y apertura (que en otras naciones arrojaron modernización y progreso). Hoy los candidatos que quedan en carrera electoral se están matando –ofreciendo barbaridad tras barbaridad- para satisfacer lo que les pedimos. Les exigimos nacionalismo del fácil, protección de la globalización y un mágico salto en nuestros ingresos. Y para qué están ellos sino para satisfacernos.
Desdichadamente lo que les pedimos sólo resulta fácil de ofrecer. Obtenerlo requiere de capacidades de las que adolecen y que nosotros no apreciamos. Pero nótese: lo que les demandamos espanta a cualquiera (incluso a nosotros mismos si nos ponemos a pensar). Y cuando se genera el espanto –la desconfianza- la crisis resulta inexorable y drástica. Mientras tanto… todo parece estar bien.

