La Libre Elección
En nuestro país -de un modo difuso como siempre- la constitución consagra el derecho a la libre elección. Este derecho, sin embargo, se aplica con innumerables restricciones. No podemos elegir vender o consumir drogas en la puerta de un colegio tanto como no podríamos elegir llamar ahorros -y aspirar a calificar para un reembolso en el fondo de seguro de depósitos- a inversiones personales en un ente no supervisado e insolvente (tal como sucedió en los casos de Clae o Refisa).
Algo tan claro como esto no parece haber sido entendido por el bochornoso congreso nacional de estos tiempos. Ni por Valentín, Alan, Javier u Ollanta, quienes -demagógicamente- defienden y venden el libre tránsito hacia un ente estatal insolvente como la ONP. Astutamente, llaman a esto “libre desafiliación”.
Aquí no hay libre elección señores otorongos. Sólo otra nueva estafa. La salida pasa por devolver lo aportado (léase: lo robado).

